El suicidio de un ser querido es una tragedia devastadora que deja fragmentada la vida de las personas cercanas y produce una situación particular y dolorosa.
Algunos elementos propios del suicidio, incluyen:

  Cuestiones relativas al enigma que deja el suicida: Los amigos y familiares, tanto como personas cercanas suelen experimentar en forma recurrente preguntas acerca del por qué del suicidio (¿por qué lo hizo? ¿por qué no pudimos llenas su vida? ¿qué lo llevó a tomar esa decisión?) incluso aún cuando el suicida haya dicho directa o indirectamente las razones o las haya dejado plasmadas en cartas o notas. Estas preguntas parecen declinar al poco tiempo pero en situaciones donde otra crisis se produce o cuando se notifican de otros suicidios las preguntas por el por qué retornan de alguna manera. La búsqueda de una verdad completa no permite aceptar el hecho de que el suicidio es un acto multifactorial cuyo rastreo etiológico o causal es de dificil y/o imposible acceso.

Cuestiones relativas a la participación en el hecho suicida: Los familiares, amigos, docentes, jefes, etc. pueden llegar a menudo a pensar que tuvieron la culpa en el acto suicida, especialmente si fueron los últimos en tener algún tipo de conflicto con la persona suicida ó consideran que fueron los últimos que pudieron hacer algo por detenerlo. Usualmente piensan que su negligencia habría determinado que el suicida siguiera aún con vida y la culpa que hacen recaer en ellos mismos respecto del acto puede determinarles un estado de ansiedad difícilmente soportable o conducirlos a miedos inmotivados que deterioren su calidad de vida preexistente. Esta participación cuando se hace intensa determina estados patológicos que requieran de ayuda profesional para reconducir su dirección, reduciendo la culpa y aceptando la participación limitada que tuvieron en un acto que se construye durante desde mucho tiempo antes.

Cuestiones relativas al legado que deja el suicida, ya que los afectados se inclinan a pensar habitualmente que el suicidio va a determinar ciertas modalidades en las vidas de las personas cercanas, incluso el estar inclinados a cometer suicidio cuando no puedan encontrarse otros modos de resolver los problemas. Pueden pensar que el suicidio no les deja salida a volver a disfrutar de la vida, a sentirse felices, a poder tener logros personales o grupales como si fuera un estigma que van a llevar por siempre. Esto puede hacerlos inclinarse hacia cualquier forma de fracaso reiterado, pérdidas de dinero o trabajo, pérdidas de amigos o grupos de pertenencia que los gratificaba, etc.

Los sentimientos de abandono y pérdida irreparable son constantes en la vida posterior al suicidio creándose fuertes sentimientos de rabia por el rechazo al que se vieron obligados. Este malestar extremo aumenta el resentimiento por haberse dado el suicida por vencido ante las adversidades que tenía, pero la rabia muchas veces aparece como un intento de sacar el dolor fuera de sí mismos.

El estigma. Aun cuando las condenas históricas han desaparecido en gran parte, el suicidio estigmatiza gravemente a la familia. La condena es tanto hacia la familia como hacia el mismo suicida. Los familiares de un suicida suelen experimentar menos apoyo social que en otros padecimientos y sin embargo sienten más necesidad de comprensión que en otras muertes. La vergüenza asociada al estigma es uno de los sentimientos más difíciles de sobrellevar.

El Miedo es muy frecuente, tanto por las consecuencias como por el reconocimiento de los propios sentimientos autodestructivos. Existe el constante miedo sobre el futuro “más allá de la muerte” de su ser querido (condenación, infierno, etc.) en especial si ha sido condenado el acto en un contexto religioso.

La negación sobre el suicidio relativa a la resistencia a aceptar un acto tan contrario a la naturaleza de lo vital suele hacer ver la conducta de la víctima, no como un suicidio sino como una muerte accidental, creándose un patrón de comunicación distorsionada en las familias. La familia crea así un mito respecto a lo que realmente le ocurrió a la víctima, y si alguien cuestiona la muerte llamándola por su nombre real, produce un gran enojo y rechazo de los demás. Así, es frecuente que los miembros de familia oculten la causa de la muerte y por lo tanto la verdad se bloquea.