COMPORTAMIENTO SUICIDA

LA DIMENSIÓN DEL PROBLEMA


En lo que llevamos de siglo ya ha habido más de cinco millones de muertes por suicidio en el mundo entero. Cada año aproximadamente un millón de personas mueren por suicidio. Esta mortalidad es más elevada que el número total de muertes que se producen cada año por guerra y homicidio combinados. El suicidio es un problema importante de salud pública en muchos países y es la causa principal de muertes entre adolescentes y jóvenes adultos.
Además se estima que se producen entre 10 o 20 intentos de suicidio por cada muerte por suicidio. Estas tentativas de suicidio varían en severidad médica y de intento de leve hasta muy severa. A nivel personal, cada tentativa de suicidio, desde el punto de vista de la lesión, es un indicador de un dolor emocional, infelicidad y/o enfermedad mental.
El suicidio y las tentativas de suicidio tienen serias consecuencias emocionales para las familias y amigos. La carga del sufrimiento por suicidio puede tener un impacto emocional profundo y duradero para los miembros de las familias. Las familias de aquellos que han cometido un intento de suicidio se sienten a menudo especialmente preocupadas y angustiadas sobre el riesgo de nuevos intentos de comportamiento suicida y sobre sus responsabilidades para intentar prevenir futuros intentos.

Hay incluso sustanciales costos económicos asociados al suicidio. Estos costos provienen de la pérdida de potencial económico debido a las vidas perdidas por suicidio, de los devastadores efectos de los síntomas causados por el duelo por suicidio, de los costes médicos y en salud mental asociados a los intentos de suicidio y del costo que conlleva a las familias el cuidado de aquellos que han cometido tentativas de suicidio. A nivel internacional, el coste económico anual del comportamiento suicida se estima en billones de dólares.
 


LO QUE SABEMOS

A lo largo del siglo XXI, asistimos a la consolidación de los resultados de la investigación sobre los comportamientos suicidas, que han conocido un importante avance en los años 80 y 90. Las investigaciones en salud mental, en epidemiología, en genética, las aproximaciones psicosociales y biológicas, han producido un extenso corpus de conocimientos que dan una imagen coherente y consistente de los factores de riesgo de los comportamientos suicidas y que permiten desarrollar programas de prevención del suicidio tanto en países desarrollados como en países en vías de desarrollo. La investigación llega a la conclusión de que los comportamientos suicidas constituyen un problema complejo, con múltiples causas interrelacionadas. Sin embargo, esta complejidad no implica que ignoremos las razones por las cuales las gentes se suicidan, ni cómo reducir los comportamientos suicidas de los individuos o de una sociedad en particular. Las investigaciones recientes nos han permitido adquirir muchos conocimientos sobre los comportamientos suicidas y sobre los programas de prevención eficaces.
En la mayoría de los países occidentales, cerca del 90% de personas que mueren por suicidio sufrían un problema mental, esto no necesariamente significa que las personas que llegan a cometer suicidio son enfermos mentales. En ciertos países asiáticos, incluyendo China, la proporción de suicidas que presentan problemas mentales es menor, aunque los problemas mentales juegan igualmente un rol importante en los comportamientos suicidas. Los problemas más a menudo asociados a los comportamientos suicidas son los estados depresivos y los trastornos bipolares, el abuso de drogas y alcohol y la esquizofrenia.
La depresión es el trastorno más común entre los mencionados y cerca de dos tercios de las personas que se quitan la vida sufrían depresión en el momento de su muerte. Además, la presencia de un problema de abuso de alcohol o de droga junto con otro trastorno mental aumenta considerablemente el riesgo de comportamientos suicidas. Sin embargo, a pesar de la prevalencia elevada de trastornos mentales entre las personas que mueren por suicido, la gran mayoría de personas que sufren trastornos mentales no cometerán jamás suicidio. Esto significa que, a pesar del riesgo agudo asociado a trastornos mentales, la mayoría de personas que sufren un trastorno mental no experimentan el estrés u otros factores de riesgo que contribuyen a un riesgo suicida agudo, o bien reciben la ayuda necesaria para resolver sus problemas.

 


A pesar de nuestro mejor conocimiento de las causas y las consecuencias de los comportamientos suicidas, nuestra comprensión científica de lo que funciona mejor para la prevención del suicidio es todavía relativamente limitado. Uno de los grandes desafíos del siglo XXI consiste en aplicar y traducir nuestra comprensión de los motivos que empujan las personas a quitarse la vida en estrategias, políticas, programas y servicios eficaces para la reducción de las pérdidas trágicas de vidas y los efectos devastadores de los comportamientos suicidas. Sería prematuro dejar entender que tal o cual intervención o política conducirían necesariamente a mejores resultados. Sin embargo, en el estado de nuestros conocimientos actuales podemos afirmar que las siguientes pistas de prevención del suicidio son prometedoras:

Formar a los médicos para reconocer mejor, tratar y curar la depresión y los comportamientos suicidas puede contribuir a la reducción de la tasa de suicidios. Esta propuesta reposa sobre nuestro conocimiento del hecho que, a menudo, la depresión es infra-declarada y tratada inadecuadamente y que, en muchos países, aquellos que mueren por suicidio consultan un médico dentro de las semanas precedentes a su muerte. Formar a los médicos para reconocer y tratar mejor la depresión da como resultado mejores tratamientos para los pacientes que sufren depresión y contribuye a reducir la tasa de suicidio. Estos resultados pueden encontrarse en diversos estudios sobre la formación de médicos llevadas a cabo en ciertas regiones de Suecia, Hungría, Eslovenia y Japón. Es una aproximación muy prometedora en prevención del suicidio y es imperativo reproducirla en otros países. Esta aproximación debe extenderse igualmente para que así los médicos no solamente detecten y traten la depresión, sino igualmente otros trastornos metales, incluyendo el abuso de sustancias que contribuyen al aumento del riesgo suicida. Además, es necesario que los médicos tengan una mejor comprensión de las formas de evaluar el riesgo suicida y de desarrollar planes de tratamiento que impliquen a las redes sociales de la persona suicida así como otros recursos comunitarios y dispensadores de ayuda.

Restringir el acceso a los medios letales es una medida preventiva demasiado a menudo subestimada. Datos procedentes de varios países demuestran que la restricción de acceso a medios específicos para suicidarse disminuye la tasa de suicido por estos métodos en particular, y quizás también pueden contribuir a la reducción de la tasa global de suicidios. La investigación en este dominio se aplica tanto a la reducción de acceso al gas doméstico, a diferentes medios de controlar al posesión de armas de fuego, a la reducción de la emisión de monóxido de carbono de los automóviles, a la instalación de barreras en los espacios públicos dónde se producen un gran número de suicidios y la prescripción de medicamentos que sean más seguros si son tomados en grandes cantidades. La restricción a los medios no toma en cuenta la desesperación de la persona suicida y las causas de sus tendencias suicidas. Sin embargo, cuando el acceso a un medio de matarse no está disponible, es poco probable que un suicidio de tipo impulsivo se produzca.
La demora que sigue en la búsqueda de otro medio puede permitir la búsqueda de ayuda. La restricción del acceso a los medios letales puede jugar un rol potencialmente importante en países como China, la India y Sri Lanka porque presentan una alta tasa de suicidio por ingestión de pesticidas. A causa de sus grandes poblaciones estos países cuentan con una elevada proporción de suicidios cometidos a escala mundial y si deseamos reducciones significativas de las tasas de suicidio mundial sería importante reducir los suicidios por ingestión de pesticida. Por ejemplo, proporcionar a las personas que utilizan pesticidas cajas que cierren con llave para el almacenaje de sustancias parece contribuir a la reducción de la ingestión de pesticidas en las regiones rurales.

Educar a las comunidades y a sus guardianes: Los programas que ponen acento sobre el aumento de competencias de una comunidad y sus guardianes en la mejora organizacional e institucional (los miembros de las comunidades religiosas y las personas que trabajan en escuelas, cárceles, centros de detención y ayuda para jóvenes, lugares de trabajo, residencias para ancianos) así como el aumento de la conciencia pública y la valorización de la búsqueda de ayuda, pueden mejorar la identificación y favorecer las consultas para las personas con riesgo de suicidio. El programa de prevención del suicidio del ejército del aire de los Estados Unidos constituye un ejemplo de éxito en este dominio. En este programa, un esfuerzo conjunto de diferentes recursos comunitarios en el interior del ejército del aire ha supuesto una disminución significativa de suicidios de personal del ejército del aire. Igualmente se ha constatado la reducción de tasas de suicidio gracias a un programa parecido en el ejército noruego así como en muchas prisiones, penitenciarios y lugares de trabajo. Sin embargo, habiendo sido evaluados pocos de estos programas, deberíamos animar la evaluación de programas existentes así como el desarrollo de nuevos programas al mismo tiempo que conocemos más sobre la eficacia de la educación de los guardianes y de las comunidades.

Dispensar ayuda en situaciones de crisis: Las líneas de ayuda telefónica, los centros de crisis y los servicios de ayuda en Internet responden cada día a varias miles de llamadas de crisis en el mundo. Basándose en la gran popularidad de los servicios voluntarios y profesionales dispensados por organizaciones tales como los Samaritanos, Lifeline y las líneas telefónicas de intervención de crisis y de prevención del suicidio, se puede concluir que estas líneas telefónicas y estos servicios de Internet responden a una importante necesidad. Investigaciones recientes llevadas a cabo en Canadá y Estados Unidos sugieren que las personas con riesgo de suicidio son a menudo ayudadas por estas organizaciones, aunque las mejores formas de ayuda no son siempre dispensadas por algunas de estas organizaciones. Además, la ayuda por Internet o por teléfono habitualmente participa de un proceso de referencia o motivación para la investigación de los tratamientos y los servicios ofrecidos por organizaciones comunitarias o especialistas en trastornos mentales. Las mejores prácticas de ayuda telefónica o por Internet deben continuar siendo perfeccionadas, evaluadas y difundidas.

Programas de diagnóstico: Varios programas han sido puestos en marcha con el objeto de diagnosticar el riesgo de suicidio y de enfermedades mentales tales como la depresión y el abuso de sustancias, puesto que es conocido que contribuyen habitualmente a un mayor riesgo de suicidio. Estos programas han sido a menudo implantados dentro de las escuelas y las universidades. Aunque parecen prometedores, tales programas deben ser objeto de evaluación con el fin de establecer los costos-beneficios relacionados, así como para identificar y refinar las herramientas de diagnóstico que permitirán una mejor distinción entre las personas en riesgo y aquellas que no lo están y para identificar igualmente las formas de asegurarse que las personas con riesgo reciben la ayuda que necesitan.

Mejora de los tratamientos y de la gestión en salud mental:
Dada la gran prevalencia de trastornos mentales entre las personas que mueren por suicidio, el tratamiento eficaz de los trastornos emocionales y el seguimiento y la ayuda a largo plazo constituyen claramente los principales enfoques en prevención de suicidio. Cierto número de tratamientos para trastornos mentales específicos han mostrado así mismo la reducción de comportamientos suicidas. Las psicoterapias se han revelado igualmente eficaces en la reducción de los comportamientos suicidas, sea independientemente ó en conjunción con la medicación.

Seguimiento después de tentativas:
Las personas que hacen tentativas de suicidio presentan un riesgo agudo de tentativas ulteriores e incluso de morir por suicidio. Una iniciativa noruega que ha puesto el acento en el seguimiento de las personas al salir del hospital después de un tratamiento por tentativa de suicidio a través de una red integral de tratamientos parece eficaz en la reducción de futuras tentativas de suicidio. Deben desarrollarse nuevos programas que tomen en cuenta el seguimiento y ayuda a los pacientes suicidas, tanto inmediatamente después de la tentativa como a más largo plazo y que implique la coordinación entre distintos medios hospitalarios y una gran variedad de instancias comunitarias y de interventores.

La cobertura mediática del suicidio:
Ciertas formas de presentar el suicidio en los medios de comunicación parecen precipitar los comportamientos suicidas de las personas vulnerables. Esta realidad ha conducido a varios países a desarrollar líneas directrices para los medios en la descripción y los informes de suicidios. Sin embargo, pocas de estas líneas directrices han sido evaluadas y debe ser también estimado el impacto tanto en las prácticas de los periodistas como en las tasas de suicidio. En relación con esta problemática, deberíamos también preguntarnos como concebir e implantar mejores líneas directrices que animen la adhesión de miembros del personal de los diferentes medios. Mucho puede hacerse haciendo promoción de una cobertura responsable y sensata del suicidio en los medios en adelante, implantando y promoviendo la utilización de recursos ya existentes. Es igualmente importante desarrollar nuevas formas de colaborar con los medios en la difusión de información sobre el suicidio y promover un mejor conocimiento y mejores informaciones sobre el suicidio y la salud mental de un modo no discriminatorio.

 


En esta jornada, pueden tener lugar un gran número de actividades que permitan la aplicación de los conocimientos sobre el suicidio a los distintos sectores de la población y aumentar la comunicación entre los agentes sanitarios y los investigadores. Las iniciativas que parten de la adhesión de la gente y que alientan a la participación y los contactos personales jugarán un rol importante para animar a las personas a aprender más y a integrar nueva información.

Estas actividades incluyen:

• El lanzamiento de nuevas iniciativas, políticas y estrategias en el Día mundial de prevención del suicidio.

• La celebración de conferencias, jornadas de puertas abiertas, seminarios o cursos públicos así como paneles de expertos.

• Escribir artículos para revistas y periódicos regionales y nacionales.

• Realizar conferencias de prensa.

• Planificar entrevistas y anuncios en la radio y la televisión.

• Llevar a cabo servicios conmemorativos, acontecimientos, vigilias con velas o marchas en recuerdo de aquellos que son muertos por suicidio.

• Pedir a los políticos responsables de las cuestiones de salud, salud pública, salud mental y de prevención del suicidio que hagan declaraciones significativas, lancen políticas o preparen comunicados de apoyo o comunicados de prensa para recalcar el DMPS.

• Realizar acontecimientos de concienciación de la depresión en lugares públicos y ofrecer también actividades de diagnóstico de la depresión.

• Organizar acontecimientos culturales y/o espirituales, ferias o exposiciones.

• Organizar marchas a lugares públicos para subrayar la prevención del suicidio.

• Celebrar el lanzamiento de libros o el lanzamiento de nuevos folletos, guías y panfletos.

• Distribuir carteles y folletos.

• Organizar conciertos, barbacoas, desayunos, comidas, concursos, ferias en lugares públicos.

• Escribir editoriales para revistas científicas, medicas, educativas, en revistas de derecho o de enfermería o en cualquier otra publicación apropiada.

• Difundir los resultados de las investigaciones.

• Emitir comunicados de prensa anunciando nuevos artículos sobre las investigaciones. Llevar a cabo formación sobre el diagnóstico del suicidio y la depresión.

• Llevar a cabo foros donde los investigadores escuchen a los profesionales en cuanto a sus necesidades en aquello que afecta a las investigaciones particulares.