“El alto nivel de miel puede provocar psicosis y coma”. Esta es la advertencia de Tiziana Rubino – coordinador del Grupo de Trabajo sobre Adicciones de la Sociedad Italiana de Farmacología (Sif) y profesor de la Universidad de Insubri – que explicó a Adnkronos Salute lo que se llama cera de cannabis – la droga consumida por el joven de 17 años de la provincia de Nápoles que se encontraba en coma – en la que “hay una concentración muy alta de THC, el principal compuesto psicoactivo del cannabis. Hoy en día, el cannabis en el mercado contiene de media alrededor del 15% de THC, un porcentaje ya muy superior al del pasado: en los años 70 rondaba el 3%”.
Sin embargo, en el caso de la miel rica, “puede alcanzar hasta un 90% de THC, una concentración aproximadamente cinco veces mayor que la del cannabis de alta potencia”, explicó Rubino.
“El peligro está estrictamente ligado a la concentración de la sustancia. En quienes consumen habitualmente cannabis, los efectos pueden ser más limitados, mientras que en consumidores ocasionales o en sujetos poco habituales pueden aparecer ataques de pánico, alucinaciones, paranoia, psicosis, episodios de vómitos, así como efectos sobre el sistema respiratorio y cardiovascular. Si un no consumidor ingiere cantidades tan elevadas de THC, el riesgo de acabar en el hospital es real”, subraya el experto.
En cuanto al caso del niño napolitano, “el coma también puede estar relacionado con el modo de absorción. La ingestión de una dosis elevada, equivalente a una cucharada de producto, provoca efectos centrales y periféricos que duran más que la inhalación”, observa Rubino. “La absorción de dosis tan elevadas que permanecen durante tanto tiempo en el organismo representa un shock importante para el organismo, en particular para el cerebro, donde los receptores CB1, principal objetivo molecular del THC, están más presentes. El fenómeno es particularmente preocupante porque afecta principalmente a los adolescentes, cuyo cerebro aún no ha completado el proceso de maduración, esquizofrenia, depresión y déficits cognitivos”, concluye.