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No sólo medicamentos nuevos. Las emergencias toxicológicas que llegan a las salas de urgencia y a los centros de control de intoxicaciones describen un panorama cada vez más complejo: sustancias psicoactivas difíciles de identificar, medicamentos mal utilizados, productos con alta concentración de principios activos, toxinas naturales, grandes emergencias y la necesidad de sistemas de seguimiento y alerta cada vez más rápidos. Es a este escenario al que el 23º Congreso Nacional de la Sociedad Italiana de Toxicología – Sitox, que se celebrará en Bolonia del 8 al 10 de junio de 2026, dedica un amplio espacio de debate, con sesiones sobre toxicología clínica en emergencias toxicológicas, sobre la experiencia de los centros toxicológicos italianos, sobre nuevos fármacos, sobre sistemas de seguimiento y alerta en casos de intoxicación, sobre las grandes emergencias y sobre las reservas nacionales de antídotos y medicamentos.

“Las intoxicaciones son un indicador temprano de nuevos riesgos para la salud pública – subraya Carlo Locatelli, ex presidente de Sitox y director de la Unidad de Toxicología, del Centro Antiintoxicaciones y del Centro Nacional de Información Toxicológica del Irccs Maugeri de Pavía -. Los casos que llegan a las urgencias y a los centros de control de intoxicaciones nos dicen a menudo, antes que otros sistemas, qué sustancias están circulando en un momento dado, qué comportamientos están cambiando y para qué emergencias debemos prepararnos”.

Entre las sustancias que preocupan a los expertos se encuentran los opioides sintéticos, entre ellos los nitacenos, moléculas muy potentes que pueden provocar cuadros clínicos graves que no siempre son inmediatamente reconocibles. “En estos casos – explica Locatelli – no basta con saber que el paciente ha tomado una sustancia: debemos entender cuál, con qué efectos, con qué asociaciones y con qué herramientas diagnósticas y terapéuticas intervenir”.

La alerta se refiere también a fenómenos recientes que afectan especialmente a los jóvenes. Es el caso del abuso de medicamentos muy utilizados, como el paracetamol, psicofármacos o productos presentados en formas aparentemente familiares, como la llamada “miel alta”, que saltó a los titulares tras el caso de un joven de 17 años que quedó en coma en la provincia de Nápoles tras ingerir una cucharadita. “El punto crítico es la falsa percepción de seguridad – observa Locatelli -. Una sustancia ofrecida como alimento, confitería, dulce o producto “familiar” puede ser subestimada, especialmente por los adolescentes. Pero altas concentraciones del ingrediente activo pueden causar una intoxicación importante y requerir una intervención urgente”.

En este escenario, los centros toxicológicos representan un nodo crítico en la red de emergencia: apoyan a las salas de emergencia y a todos los servicios de emergencia, guían las decisiones clínicas, recopilan información de casos y también ayudan a las instituciones a interceptar fenómenos emergentes. “La respuesta a las intoxicaciones no puede depender únicamente de cada hospital – concluye Locatelli -. Necesitamos vías compartidas, laboratorios actualizados, formación de operadores y una conexión estable entre los centros toxicológicos, las emergencias, la toxicología forense, el SerD y los sistemas de alerta. Sólo así las emergencias podrán desarrollar también la prevención”.

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