Aproximadamente una de cada diez personas toma estatinas para reducir sus niveles de colesterol. desarrolla dolor muscular inexplicableun efecto secundario que a menudo conduce a la interrupción de las terapias básicas de prevención cardiovascular.
El nuevo estudio
Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de Columbia y la Universidad de Rochester en Estados Unidos ha identificado el posible mecanismo biológico detrás de estos trastornos, conocidos como síntomas musculares asociados a las estatinas (SAMS). Según los autores, el dolor muscular, la debilidad y la fatiga son causados por una entrada anormal de calcio en las células musculares, capaz de provocar daños en los tejidos y, en casos raros, consecuencias graves. Las estatinas actúan bloqueando una enzima esencial para la producción de colesterol en el hígado.reduciendo así los niveles de LDL, el llamado colesterol “malo”. Este mecanismo contribuye significativamente a la prevención de enfermedades cardiovasculares como la aterosclerosis, una de las principales causas de mortalidad en los países occidentales.
Sin embargo, el estudio muestra que la acción de las estatinas no se limita al hígado. Algunos de estos medicamentos también interactúan con estructuras moleculares de los músculos, incluida una proteína llamada receptor 1 de rianodina (RyR1). Este receptor está situado en el retículo sarcoplásmico, una red interna que rodea las fibras musculares y controla la liberación de calcio, elemento esencial para la contracción.
RyR1 funciona como una especie de interruptor: se abre y se cierra para regular con precisión el flujo de iones de calcio dentro de la célula. Cuando este equilibrio se altera, el músculo puede sufrir estrés y daños. Utilizando modelos animales y una técnica de imagen avanzada llamada microscopía crioelectrónica, los investigadores pudieron observar en detalle cómo ciertas estatinas se unen a este receptor.
La criomicroscopía electrónica permite “congelar” muestras biológicas y analizarlas mediante haces de electrones, permitiendo así reconstruir estructuras moleculares tridimensionales con muy alta precisión. Utilizando este enfoque, se ha hecho evidente que fármacos como la simvastatina pueden mantener el canal RyR1 en un estado anormalmente abierto.
Este exceso de calcio puede dañar directamente las fibras musculares o activar enzimas que aceleren su degradación. Como resultado, algunos pacientes desarrollan dolor persistente, calambres, debilidad y resistencia física reducida. El riesgo es mayor en personas con mutaciones genéticas del receptor RyR1, que también pueden tener complicaciones más graves, como episodios de hipertermia maligna o función respiratoria reducida debido a la debilidad del diafragma. En casos raros pero potencialmente fatales, El uso de estatinas puede provocar rabdomiolisis, una afección en la que el tejido muscular se descompone y libera sustancias tóxicas en el torrente sanguíneo, lo que genera riesgo de insuficiencia renal. Aún más raramente, se puede desarrollar miositis necrotizante autoinmune, en la que el sistema inmunológico ataca y destruye el tejido muscular.
Los autores enfatizan que este mecanismo de “canal de calcio permeable” no necesariamente explica todos los casos de SAMS. Sin embargo, este hallazgo podría ayudar a identificar de antemano a quienes tienen mayor riesgo de intolerancia a las estatinas. Alrededor de 40 millones de adultos en los Estados Unidos toman estos medicamentos y un porcentaje significativo experimenta efectos secundarios en los músculos.
Los investigadores destacan dos posibles estrategias futuras. El primero consiste en desarrollar nuevas estatinas capaces de reducir el colesterol sin interactuar con el receptor RyR1. El segundo implica el uso de medicamentos experimentales llamados Rycal, ya estudiados para determinadas patologías musculares raras. En ratones intolerantes a las estatinas, estos compuestos pudieron “cerrar” el canal de calcio y prevenir la debilidad muscular inducida por la simvastatina.
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