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Tomasso Manni

La crisis geopolítica y militar en el Golfo Pérsico ha visto en las últimas horas un claro agravamiento de la guerra, dando lugar a tensos y violentos vaivenes militares que están poniendo a prueba la frágil estabilidad del alto el fuego acordado el pasado mes de abril y reiterado ayer en un post sobre La Verdad del presidente estadounidense, Donald Trump. Por supuesto, es muy difícil hablar de tregua cuando los sistemas de defensa de Estados Unidos y sus aliados regionales han neutralizado una ofensiva a gran escala que amenazaba la infraestructura estratégica y la seguridad de la navegación comercial. El hecho fue confirmado por un memorando oficial del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) que comunicaba formalmente el rechazo a múltiples ataques coordinados por parte de las fuerzas de Teherán. “Una nueva ola de drones iraníes que intentaron atacar a las fuerzas estadounidenses en Kuwait no lograron alcanzar sus objetivos anoche”, decía el cable. El memorando agregaba que los aviones de contraataque y defensa aérea naval frustraron cualquier incursión hostil sin sufrir daños a las instalaciones o al personal, y enfatizaba que “todos los ataques iraníes contra las fuerzas estadounidenses fracasaron”. Además de las contramedidas implementadas en el espacio aéreo de Kuwait, la intervención conjunta de Estados Unidos interceptó misiles balísticos que se dirigían hacia Bahrein, derribó aviones no tripulados enfocados en rutas de carga civil y lanzó un intenso ataque contra objetivos terrestres ubicados en la estratégica isla iraní de Qeshm en el Estrecho de Ormuz.

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La historia sobre el terreno de este nuevo enfrentamiento frontal se divide, como de costumbre, entre informes del CENTCOM y afirmaciones propagandísticas difundidas por la República Islámica. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), a través de canales oficiales y medios estatales en Teherán, ha proporcionado una versión diametralmente opuesta de la progresión y génesis de los combates. El IRGC dijo que el ejército estadounidense inicialmente apuntaría y atacaría una torre de control y telecomunicaciones ubicada en la isla de Qeshm. Según la versión iraní, la operación con misiles contra Kuwait y Bahréin habría representado una represalia inmediata y selectiva contra las instalaciones de donde habría procedido la orden de ataque. Fuentes en Teherán afirmaron también haber logrado atacar una base militar estadounidense situada en un país de la zona y, en particular, haber causado graves daños al cuartel general de la Quinta Flota estadounidense, situado en Juffair, Bahréin. Esta reconstrucción fue negada categóricamente por los líderes militares estadounidenses. CENTCOM calificó las reclamaciones de pérdidas de la Quinta Flota como completamente infundadas, reiterando la total impermeabilidad de sus líneas defensivas a los vectores de ataque enemigos.

La elección de la isla Qeshm como objetivo central de las represalias estadounidenses pone de relieve la importancia crucial de la geografía militar en este sector específico del Golfo Pérsico. Con una superficie aproximada de 1.445 kilómetros cuadrados, Qeshm es la isla más grande de la cuenca y domina la desembocadura norte del Estrecho de Ormuz. Esta posición lo convierte en el puesto geográfico de avanzada para observar y atacar el punto de tránsito energético más crítico del planeta, del que dependen los flujos globales de petróleo crudo y gas natural licuado. La conformación territorial, paralela a la costa iraní, y el desarrollo a lo largo de los años de una infraestructura militar compleja y fuertemente fortificada, la han transformado en una auténtica fortaleza misilística subterránea y en un centro de gestión de los sistemas de radar y de las unidades de guerra asimétrica del IRGC. Para el ejército estadounidense y las coaliciones internacionales que protegen las rutas marítimas, Qeshm representa un objetivo primordial precisamente debido a estos factores clave. Neutralizar las estaciones de control de radar y los lanzadores de la isla significa privar a Teherán de la capacidad inmediata de bloquear el tráfico marítimo o atacar con precisión a los portaaviones aliados que operan en la ensenada opuesta.

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