Una explosión que no causa daño. Así podemos resumir estas armas que todavía muy raramente hemos visto en el frente en la historia. Varios canales prorrusos han denunciado el uso de “bombas de grafito” por parte de las fuerzas armadas ucranianas durante los ataques en la región de Donetsk.
Estos canales de Telegram de diversa procedencia, pero no oficiales, publicaron vídeos que muestran fragmentos de munición no identificada con una estructura inusual. Ni Kiev ni Moscú han confirmado formalmente su despliegue en el frente.
Cortocircuitos por todas partes
Según el medio especializado Defense Express, varios drones fueron equipados con bombas de grafito durante los ataques aéreos nocturnos del 6 de abril. Serían los drones de ataque profundo FP-1 o los drones de ataque de alcance medio FP-2, producidos por Fire Point.
Estas bombas están equipadas con cargas útiles no convencionales diseñadas para destruir infraestructura crítica, pero sin destruirla físicamente. En concreto, se trata de bombas de racimo, es decir, compuestas por varias decenas de pequeñas submuniciones rellenas de cintas especiales de grafito. Debido a que el grafito conduce la electricidad, puede provocar cortocircuitos cuando entra en contacto con líneas eléctricas, transformadores y otros sistemas eléctricos.
El uso de cargas útiles a base de grafito representaría un cambio hacia métodos no cinéticos para atacar la infraestructura, lo que permitiría neutralizar los sistemas sin causar una destrucción material generalizada ni víctimas civiles.
Esta sigue siendo un arma muy rara en el frente. Estados Unidos utilizó el mismo tipo de bombas, llamadas BLU-114 “Blackout Bombs”, durante sus operaciones en Irak a principios de los años 1990 y en Yugoslavia en 1999.