Un juicio que duró tanto que se apoderó de la vida de sus protagonistas y se convirtió en un caso emblemático de mala justicia. Esta es la historia que cuenta la edición local del periódico. El siglo XIX de un proceso civil iniciado en 1999 ante el tribunal de La Spezia y concluido muchos años después, entre fallecimientos, transferencias de herencia y disputas sobre los honorarios de los abogados. En el centro de la historia está el abogado de La Spezia. Roberto Brozoque siguió a un caso que había estado dividido judicialmente durante más de una década. El primer cliente, al que defendió durante doce años, falleció en 2011. El abogado resumió entonces la sentencia representando a la viuda, coheredera de un tercio, para quien se había designado un administrador de alimentos, además de los otros dos herederos afectados.
El caso se complicó aún más cuando la viuda también murió en 2016. A pesar de ello, el proceso continuó: el abogado continuó siguiendo el caso en nombre del resto del patrimonioen un contexto jurídico que, entretanto, aún no había concluido. En 2017, el complejo inmobiliario en disputa se vendió por unos 592 mil euros, pero la decisión final no llegó hasta 2019.
Fue entonces cuando se abrió un nuevo frente: el del pago de contribuciones legales. El Tribunal de La Spezia liquidó 6 mil euros por la actividad relativa a la herencia actual, a los que se sumaron aproximadamente 5 mil euros por la parte relativa a la mujer asistida. Una cantidad considerada insuficiente por el abogado, que decidió impugnar la disposición. La curaduría también apeló, llevando el caso a la Corte Suprema. El Tribunal Supremo finalmente falló a favor del abogado, estableciendo que, aunque se trataba del mismo caso, la actividad realizada se refería a tres situaciones jurídicas distintas. Por este motivo, el profesional tiene derecho a una retribución separada para cada uno de ellos. Por tanto, los jueces devolvieron el caso al Tribunal de La Spezia para una nueva evaluación de la indemnización.
El artículo 20 años de juicio, los clientes mueren: la Casación reconoce que el derecho a los honorarios del abogado proviene de Il Fatto Quotidiano.