“Cuando te conocí, para mí eras ambas cosas: sensualidad y espiritualidad. Estas cosas nunca pueden separarse, Ingeborg”. Así escribió el poeta Paul Celan a Ingeborg Bachmann en octubre de 1957, que entonces vivía en la pensión Biederstein de Múnich. Lo sensual y lo espiritual: lo experimenta por igual durante su año en Munich. Por ejemplo, precisamente, con Paul Celan.