Es desde una habitación de hotel en Shanghai, China, que Adam nos responde por video. En las últimas semanas ha emprendido un viaje un tanto insólito a Asia: visita las clínicas de longevidad más modernas y experimenta todo lo que la tecnología ha desarrollado para aumentar nuestra esperanza de vida. Adam es un “biohacker”: intenta “hackear” su cuerpo para vivir con buena salud el mayor tiempo posible. “Y aquí, en China, hay grandes promesas”, sonríe.
Su “viaje” comenzó hace cinco años. A los 24 años sufrió una repentina y grave pérdida de memoria. Hasta que olvidó su nombre: “Tenía migrañas, ataques de ansiedad, dolores de espalda y el cerebro de un octogenario”, recuerda.