Cualquiera que se ciña al entrenamiento de fuerza obtendrá los mejores resultados en salud, fuerza y resistencia, independientemente de su plan de entrenamiento. Un nuevo estudio gigante canadiense lo demuestra.
Se trata de mantenerlo: lo más importante cuando se trata de entrenamiento de fuerza es hacerlo y hacerlo con regularidad. Esto resume el hallazgo central de un estudio exhaustivo que apareció en la revista “Medicine & Science in Sports & Activity” en marzo.
El hallazgo es simple: “El mejor programa de entrenamiento de fuerza es aquel que realmente se sigue”, enfatiza el autor del estudio Stuart Phillips. “Es mucho más importante entrenar todos los grupos musculares principales al menos dos veces por semana que seguir un plan de entrenamiento ‘perfecto’ o complejo”.
Es posible incluso sin gimnasio.
El equipo de la Universidad McMaster de Canadá en Hamilton analizó 137 estudios sobre los efectos del entrenamiento de fuerza con un total de más de 30.000 participantes, 17 años después del último inventario de este tipo. Según sus propias declaraciones, incluyeron personas y tipos de formación más diversos que nunca.
El deporte debe ser divertido.
Para los atletas profesionales y los atletas recreativos altamente entrenados, tienen sentido planes de ejercicio más específicos, pero para el adulto promedio, el mensaje es simple: encuentre un tipo de entrenamiento de fuerza que disfrute y manténgalo.
Los autores escriben que los mayores efectos positivos se pueden observar al cambiar de ningún entrenamiento de fuerza a cualquier tipo de entrenamiento de fuerza.
El estudio también desacredita algunas suposiciones comunes: se dice que no es necesario entrenar hasta el agotamiento absoluto para desarrollar fuerza y músculo. Esto podría suponer un mayor riesgo de lesiones. Además, para los atletas promedio, cambiar frecuentemente el plan de entrenamiento es menos importante de lo que se pensaba.
Muchos efectos positivos
A largo plazo, el entrenamiento de fuerza también tiene claros efectos positivos en la calidad de vida a largo plazo: según el análisis, la velocidad al caminar, el equilibrio y la calidad del sueño mejoran, al tiempo que disminuyen el riesgo de enfermedades cardiovasculares.