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Edoardo Sirignano

Mucho más que una simple campaña electoral. El viaje de Roberto Fico al Palacio de Santa Lucía es un verdadero vía crucis. Lo que resulta controvertido esta vez es la participación del candidato de centroizquierda en un acto organizado por el alcalde Biagio Rossi, sobrino de Pasquale Aprea, ex miembro de las Brigadas Rojas arrepentido e indultado, conocido por haber sido el carcelero del ex concejal democristiano Ciro Cirillo. Por eso, el encuentro que tendrá lugar el miércoles por la mañana en el Palacio de Deportes de Cercola provoca mucho más que un simple debate. En este caso, explica Sergio Rastrelli, secretario de la Comisión Bicameral Antimafia, el primero en plantear la incoherencia, no se trata de “lazos parentales rotos o confinados a un pasado lejano, como los cobardes criticados por mi presidente Colosimo”, sino de una relación bien ligada a la vida administrativa de una de las ciudades más animadas e importantes del interior napolitano.

“El resucitado Aprea – explica – fue delegado de lista en las elecciones municipales de 2023 de “Uniamoci per Cercola”, grupo de apoyo al actual alcalde, y su hija sigue siendo concejal municipal mayoritaria”. Por eso, según él, el buen Robertone de Nápoles podía hacer de todo menos “moralizar”.
El mismo razonamiento se aplica a su Movimiento. “Los miembros de cinco estrellas – subraya el representante de la FdI – una vez más predican mal y raspan aún peor”. El caso del gozzo de lujo, atracado en una base aérea con alquiler subsidiado, vale más que mil palabras. El interesado, contactado por los periodistas, habla de “deducciones que no están ni en el cielo ni en la tierra”, pero está claro que más de una cosa no encaja en la pregunta. Como ha señalado el viceministro Antonio Iannone, el cinco estrellas no ha explicado cómo obtuvo este trato privilegiado ni a qué precio, del mismo modo que aún no ha revelado cuánto gastó en un barco que, como muestran las fotos publicadas en la web, no está al alcance de todos. Fico, por el contrario, ni siquiera respondió a la pregunta del líder del grupo FI en el Senado, Maurizio Gasparri, que sólo le preguntó qué había hecho después de dejar Montecitorio para mantener un nivel de vida que un simple profesor o cualquier otro empleado ciertamente no podría permitirse.

Otro idiota entonces, el que informó el diario Libero, sobre la escolta. Durante dieciocho meses, el campeón de este último se habría beneficiado de un servicio de protección mixto, que le costó al Estado unos 100 mil euros, aunque cumplía la función para la que estaba destinado el dispositivo. En definitiva, Robertone no se perdió nada, desautorizando, hasta el más mínimo detalle, lo que se predicaba en los años del “duro y puro”. Además, el aspirante a gobernador no tiene absolutamente nada de su grillismo original, considerando que está en carrera y que sólo puede ganar gracias a los votos de Mastella y Cesaro, es decir de estos protagonistas de la política local que hasta ayer consideraba “mal absoluto” y que hoy considera “indispensables”. En Nápoles todo el mundo canta “scurdammoce ‘o passa”, pero aquí nos enfrentamos a una verdadera amnesia.

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