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Por Jean-Paul Laborde, Secretario General de las Naciones Unidas

Depende de tecnologías que ya no controla, de cadenas de valor que ya no controla, de capital que ya no gestiona. En semiconductores, energía, infraestructuras digitales, defensa o metales críticos, la misma observación es evidente: Europa regula mucho, pero invierte poco; comenta el mundo, pero le da cada vez menos forma.

Su soberanía está hoy bajo ataque. Por un lado, Estados Unidos, un aliado estratégico indispensable, pero cuyo dominio financiero, tecnológico y regulatorio reduce cada año cada vez más el margen de maniobra de Europa (y a veces se convierte en influencia real cuando el derecho extraterritorial o las prioridades estratégicas estadounidenses se imponen sin debate). Por el otro, China, una potencia sistémica, se ha vuelto esencial en las cadenas de valor, la infraestructura, algunas materias primas y los equilibrios industriales globales.