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Arabia Saudita parece más decidida que nunca a actuar en el lado africano del Mar Rojo, una zona que considera un santuario vital para su seguridad nacional frente a su rival, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), y una palanca esencial para su desarrollo económico.

Síntoma de este activismo diplomático: el 7 de enero, mientras el ministro saudí de Asuntos Exteriores, Faisal Ben Farhan Al Saud, hablaba en Washington sobre seguridad “de Yemen y Sudán” Junto con su homólogo estadounidense, Marco Rubio, su viceministro, Walid Ben Abdulkarim, viajó a Port Sudan, capital de facto del gobierno del general sudanés Abdel Fattah Al-Bourhane, para discutir el conflicto en curso en el país.

“Es un gigante que está despertando poco a poco, pero seguro, para estabilizar las costas del Mar Rojo frente a los Emiratos que apuestan por la desestabilización de los estados africanos”subraya un diplomático occidental destinado en África Oriental. Riad está tratando de recuperar influencia en el Cuerno de África frente a Abu Dabi, que ha invertido mucho en los últimos años para forjar alianzas en Sudán, Etiopía y Somalia.

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