Por Marc Obéron, presidente de Cinema For Space y Laurence Monnoyer-Smith, administrador de la Fondation de l’Espace y director de desarrollo sostenible del CNES
El último despegue, muy concurrido, de Ariane 6 nos recordó que la aventura espacial sigue fascinando y cuestionando nuestro tiempo. Desde la carrera por los satélites que saturan nuestras órbitas hasta las ambiciones marcianas de los gigantes digitales, el cielo sobre nuestras cabezas se ha convertido en un nuevo campo de batalla económico, político y estratégico. Pero detrás de esta emoción se esconde otra realidad: un espacio que no está para conquistar sino para comprender, un universo que más que una “nueva frontera” que cruzar es un espejo en el que se reflejan la belleza y la fragilidad de nuestro planeta. En una época de gran peligro climático, acompañada de escepticismo hacia la ciencia, es urgente concienciar lo más posible sobre esta realidad simple pero fundamental: conocer mejor el espacio significa proteger mejor la Tierra… y significa hacer avanzar a la humanidad.
El espacio no es sólo un abstracto “allá arriba”, reservado para astronautas o un puñado de multimillonarios. La investigación espacial permite avances tecnológicos que todos utilizamos, todos los días, sin siquiera darnos cuenta. Sin él no existirían ni las previsiones meteorológicas, ni el GPS, ni la telefonía móvil, ni la televisión por satélite, ni las imágenes. ¿Quién sabe, por ejemplo, si las mantas de supervivencia o los purificadores de agua tienen su origen en la investigación espacial? ¿Que el programa Cospas-Sarsat ha permitido, en los últimos 40 años, salvar más de 60.000 vidas humanas localizando señales de socorro en el mar, en las montañas o en los aviones?
Hoy en día, la investigación espacial es esencial para proteger, monitorear y medir la Tierra. Tomemos el caso del calentamiento global: el 60% de las principales variables climáticas no pueden medirse sin capacidades de observación de la Tierra por satélite. El lanzamiento del Ariane 6 es una demostración más de ello: a bordo, el satélite Sentinel-1D reforzará la red europea de vigilancia del planeta, transmitiendo datos cruciales para anticipar las catástrofes naturales, seguir las crisis medioambientales y gestionar mejor los recursos. Sí, es gracias al espacio que nos anticipamos a las tormentas, vigilamos nuestros océanos, optimizamos nuestros cultivos, protegemos nuestros bosques o comprendemos mejor el ciclo del agua.
El público en general debe comprender que invertir en el espacio significa invertir en la Tierra. Debemos movilizar todos los medios: programas escolares, divulgación científica pero también acciones culturales. El cine, la literatura y las artes visuales son herramientas poderosas porque la educación también implica emoción: sólo protegemos bien lo que entendemos y, muy a menudo, sólo entendemos bien lo que sentimos. En 2019, en una entrevista, Claudie Haigneré dijo: “Desde el espacio tomamos conciencia de los recursos limitados de la Tierra y esto nos obliga a pensar cuál es nuestra responsabilidad y cómo (…) entenderemos y cuidaremos este planeta.
» La primera mujer francesa y europea en el espacio nos envió entonces un mensaje fundamental: el espacio no está en otro lugar. Es un espejo. Un lugar desde donde ver mejor la Tierra, comprenderla mejor, amarla y protegerla mejor. ¡De nosotros depende darlo a conocer!
Marc Obéron es productor de cine, televisión y películas publicitarias. En 2011 creó el Festival Cine por el Cambio para reunir al mundo del cine, la empresa y los jóvenes a través de este encuentro anual. En noviembre de 2025 lanzará el primer festival de cine dedicado al espacio, “Cinema for Space”. Laurence Monnoyer-Smith Laurence Monnoyer-Smith es directora de desarrollo sostenible del CNES. También es directora de la Fondation de l’Espace.
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