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Casi todo el mundo parece un poco perdido. Porque entre los once acusados, de entre 22 y 53 años, juzgados desde el miércoles en el tribunal de Évry-Courcouronnes, muy pocos se conocen. Sin embargo, se les acusa de haber comprado armas ilegalmente, o de haber modificado armas no letales para convertirlas en armas para matar. El jueves pasado, la fiscalía pidió penas de entre seis meses y cinco años de prisión para ellos, acompañadas de multas de varios miles de euros. En el centro de este tráfico se encuentran Mathieu D., un estudiante de 22 años que remilitarizó armas en el apartamento familiar de Grigny, y otros actores de perfil insólito.

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