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Es una de esas noches en las que todo se sale de control: llueve a cántaros, el miedo se respira en el aire. Una mujer empapada entra tambaleándose en una comisaría de policía de Stuttgart balbuceando que le han robado el coche y con sus dos hijos en el asiento trasero. Horas después rueda Cuerpo de bomberos Los restos del vehículo del Neckar: la pequeña Penélope que iba en el asiento trasero está muerta, su hermano Hugo ha desaparecido.

Un material del que cualquier thriller policial podría sacar tensión. Pero el nuevo Stuttgart «escena del crimen» El caso “Ex-It” (domingo 18 de enero, 20.15 h, Das Erste) rápidamente se interesa por algo más que la cuestión de la culpa: ¿qué pasa con las personas que sólo existen mientras alguien las observa?

El esplendor ha desaparecido, y con él la vida.

Pony Hübner, interpretada con tembloroso nerviosismo por Kim Riedle (“Dear Child”), fue una vez una estrella: una it-girl seguida por flashes y adorada por las revistas. Su marido Stefan (Hans Löw), que alguna vez fue rey de los tabloides, la hizo grande y la abandonó cuando la fama se desvaneció.

Hoy gana dinero con personas influyentes, mientras que Pony está desesperado por llamar la atención y hojear fotos antiguas. Entra en su propia vida como un náufrago: se ha perdido, el esplendor se ha ido y con él su existencia.

Matrimonio en ruinas, sociedad en el espejo

Los inspectores Thorsten Lannert (Richy Müller) y Sebastian Bootz (Felix Klare) se encuentran con dos mundos en colisión: prosperidad y desesperación, fachada brillante y vida cotidiana vacía, las emociones quedan expuestas y congeladas. El espectador observa a una pareja unida sólo por los recuerdos. Ya no hay chispas entre Pony y Stefan, sólo astillas.

Incluso la directora Friederike Jehn, que exploró profundas profundidades psicológicas en el episodio de Kiel “Borowski and the Big Rage”, escapa a las certezas habituales del thriller policial. “Me interesaba el destino detrás del título, la historia interna de esta pareja”, dice. La escena del crimen es a la vez una tragedia, un estudio social y un drama relacional, pero a veces se abruma con esta necesidad.

Entre la escena y la realidad

El conjunto resulta especialmente convincente cuando el silencio tiene un efecto más fuerte que cualquier palabra hablada. En otros puntos, “Ex-It” amenaza con congelarse, por ejemplo en las escenas de interrogatorio editadas, que se vuelven turbias y largas. Algunos diálogos parecen más teatrales que televisivos, les falta ritmo; Se explican algunas cosas donde una sugerencia hubiera sido suficiente. Cuando el Comisario Lannert dice: “Lamentablemente no podemos elegir a nuestros muertos”, no es tanto una señal de reconocimiento como una intención.

La idea podría ser útil: narra el ascenso y la caída de una mujer que literalmente desaparece tan pronto como se apaga el foco de atención. El guionista Wolfgang S. Tauch dibuja el retrato de una generación que se mira en el espejo digital y que, en cierto momento, ya no tiene contornos. Pony no es una figura excepcional, sino un síntoma. “Si ya no puedo encontrarme en las revistas”, dice, “seré sólo un fantasma”.

Una tragedia moderna

Lannert y Bootz siguen siendo personajes periféricos en este nuevo episodio. Sin bromas privadas, sin tramas secundarias: dos detectives como observadores silenciosos en un mundo cuyo valor se mide en gustos y alcance. El 36º “Tatort” en Stuttgart muestra al dúo con una sobriedad que rara vez muestran, y es precisamente esta renuncia la que tiene un efecto beneficioso.

Al ser un thriller policial puro, “Ex-It” convence sólo parcialmente: muy poca búsqueda de pistas, demasiadas preguntas, quienquiera que las haya hecho no juega un papel importante. Es más bien un drama sobre la visibilidad y el olvido, sobre la frágil relación entre autenticidad y puesta en escena y sobre el fracaso de una concepción de la vida y las relaciones.

© dpa-infocom, dpa:260118-930-560235/1

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