Se declara “inocente”, afirma “nunca haber hecho daño a Serena” y que la hipótesis de un atentado mortal ocurrido en el cuartel de Arce en 2001 “es una hipótesis falsa” que “arruina su vida”. Esto es lo que argumentó en la sala del tribunal, ante los jueces del Tribunal de Apelación de lo Penal de Roma, Marco Mottola, el hombre acusado del asesinato, en colaboración con su padre y su madre, de Serena Mollicone, ocurrido en el centro de Frusinate en junio de hace 25 años.
Mottola habló al inicio de la audiencia. “Ni yo ni mi familia le hicimos nada a Mollicone”, comenzó. “No sé quién le hizo daño – añadió -. Ella nunca vino a verme ese día y entre otras cosas, no veo por qué tenía que venir, yo estaba comprometido y ella también. Nunca tuve una relación romántica con ella”. Luego, el acusado recordó la última vez que habló con Serena.
“Fue a finales de mayo de 2001, estábamos en la ciudad y había otros chicos con nosotros, todos de nuestro grupo de amigos”. Respecto a la hipótesis acusatoria, la discusión que estalló en el interior del cuartel de los Carabinieri, Mottola la abrevia. “La hipótesis de que empujé a Serena contra la puerta es falsa y está arruinando nuestras vidas – dijo -. Sólo descubrí esta puerta rota dentro del cuartel en marzo de 2008 y mi padre me dijo que la había dañado durante una discusión con mi madre”.
Respecto a lo dicho por Santino Tuzi, el brigadier de los carabineros que se suicidó en 2008, quien afirmó haber visto a Serena entrar al cuartel el 1 de junio, el acusado declaró que era “mentira”. “Tuzi – añadió – ciertamente tenía algo que ocultar. Luego se arrepintió y se retractó, luego se retractó de nuevo”, añadió.
Durante la audiencia también fue escuchada Annarita Torriero, quien tenía una relación con Tuzi. Su testimonio estuvo salpicado de numerosos “no recuerdo”. La mujer afirmó que “nunca vio a Serena en el cuartel” y agregó que el propio Tuzzi “nunca le dijo nada parecido”. Torriero dijo que “una o dos veces por semana” iba a ver a Tuzi al cuartel.
“Me llamaba si necesitaba cargar el teléfono, un bocadillo o una botella de agua. Al pasar en el coche cuando iba allí, a veces me encontraba con Serena en la carretera cerca de la puerta del cuartel con otros chicos”, otras veces la veía “subiendo o bajando la calle”, añadió el testigo.
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