La intervención estadounidense en Caracas, las mortíferas operaciones militares en el Mar Caribe, la creciente presión de la Casa Blanca sobre la cooperación médica con Cuba, el posterior endurecimiento de la política migratoria de Washington… En los países caribeños, intercalados entre Estados Unidos y Venezuela, el ambiente se ha vuelto pesado en las últimas semanas. Después de haber logrado plantar cara a Donald Trump durante el primer año de su segundo mandato en la Casa Blanca, estos pequeños países, principalmente insulares, se ven obligados ahora a capitular ante la multiplicación de las decisiones unilaterales de la superpotencia vecina.
Desde Jamaica hasta Trinidad y Tobago pasando por Guyana, los jefes de Estado y de gobierno caribeños han reaccionado sin ningún orden particular ante la operación estadounidense en Venezuela. A diferencia de un grupo de líderes de países latinoamericanos, encabezados por Brasil, que no dudaron en condenar el secuestro del presidente Nicolás Maduro, Mia Mottley, primera ministra de Barbados, intentó no ofender a nadie. “Venezuela es nuestra amiga, los Estados Unidos de América son nuestro amigo”declaró el líder laborista, pocas horas después de que el presidente estadounidense anunciara la captura de su homólogo venezolano. “Los países pequeños sólo pueden sobrevivir dentro de un orden internacional basado en reglas”advirtió con cautela.
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