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Mauricio Pizzuto

Una calle que debería ser una tarjeta de visita, pero que se ha convertido en un caso de abandono común y corriente. En via Gualtiero Castellini, en Parioli, los vecinos denuncian una vez más una situación que califican de insoportable: asfalto destruido, baches, suciedad y signos evidentes de falta de mantenimiento, a pocos pasos de uno de los lugares institucionales más vigilados de la capital.

El enfado surge sobre todo de un detalle que no es marginal para quienes viven en el barrio: no se trata de un inconveniente repentino, sino de un problema denunciado varias veces a lo largo del tiempo. Sin embargo, afirman los ciudadanos, las solicitudes de intervención no han sido seguidas por obras decisivas, lo que ha dejado la carretera en un limbo formado por reparaciones insuficientes y un sentimiento creciente de abandono.


El problema, explican, no es sólo estético. Una vía en mal estado aumenta el riesgo de caídas, accidentes y daños a los vehículos, dificulta el paso de peatones y personas vulnerables y alimenta la idea de una ciudad donde el mantenimiento llega tarde, incluso cuando el contexto es central y altamente simbólico.

Via Gualtiero Castellini es hoy la paradoja que Roma no puede permitirse: una vía central, bajo la mirada de las instituciones, llena de baches y descuidada como invisible.


A partir de ahora la cuestión ya no es “quién debe intervenir”, sino “cuándo”: porque cada día sin mantenimiento añade riesgo, descrédito e ira a una ciudad que exige normalidad y no milagros.


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