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“Creo que sería bueno si este gobierno no pensara que los ciudadanos italianos son un mundo de idiotas.” Quién sabe si el secretario de la CGIL, Maurizio Landini, hablando ayer sobre el próximo referéndum sobre la reforma constitucional de la justicia, recordó que había tomado prestada una frase que Silvio Berlusconi utilizó precisamente hace veinte años, en los últimos días de la campaña electoral para las elecciones políticas de 2006.

La sentencia de Berlusconi

Era el 4 de abril y, en la sede de Confcommercio, el entonces Primer Ministro se dirigió a los presentes en estos términos: “Tengo demasiado respeto por la inteligencia de los italianos como para pensar que hay tantos idiotas que pueden votar en contra de sus propios intereses”. Posteriormente, respondiendo a las críticas dirigidas a él, el Caballero respondió que “había ironía” en estas declaraciones, tras explicar a los propios comerciantes que había utilizado “una expresión burda pero eficaz”. Para repetirlo tres días después, al final de la campaña electoral. “¡Estad seguros – declaró – que el domingo y el lunes ganaremos porque no somos idiotas!”

Crudos o no, últimamente los representantes de la izquierda, quieran o no, parecen encontrar ideas para sus intervenciones en las palabras de Berlusconi. Esto ocurrió, por ejemplo, el 18 de diciembre del año pasado, cuando la diputada del AVS Elisabetta Piccolotti llamó a la ministra de Universidades, Anna Maria Bernini, durante una sesión informativa en la Cámara sobre los exámenes médicos, “obstinada, autoritaria, arrogante e incluso ridícula”, reconociendo los derechos de autor de Berlusconi. “Era una nota, un trozo de papel”, explicó el representante de la oposición, en referencia a las notas del ex primer ministro inmortalizadas por los fotógrafos mientras se encontraba en los escaños del Senado con motivo de la elección de Ignazio La Russa a la presidencia. Declaraciones dirigidas a la actual Primera Ministra, Giorgia Meloni, que se preparaba para formar gobierno, a las que el futuro Primer Ministro no dudó en responder: “Me parece que faltaba un punto, entre los de Berlusconi, y es que no puedo ser chantajeado”.

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