Roma, 21 de enero (Adnkronos Health) – El 74,1% de los italianos – casi 3 de cada 4 – afirma haber tenido experiencias directas o indirectas de problemas de salud mental: el 34,2% personalmente, el 36,3% a través de familiares o amigos. La relación con los servicios de salud de quienes han tenido una experiencia personal no está exenta de dificultades, ya que el 42,4% encontró dificultades para acceder a los servicios de salud públicos y el 59% tuvo que recurrir a servicios privados de pago. Esta es la imagen que se desprende del estudio “Salud mental y salud cerebral en la concepción italiana de la salud”, realizado por Censis en colaboración con Lundbeck Italia, sobre una muestra representativa de 1.000 adultos. A nivel cultural – se lee en el informe – sin embargo, hoy en día existe una propensión generalizada a recurrir a ayuda profesional: el 82% recurriría o ya ha acudido a un profesional si se enfrentara a un problema de salud mental. Un signo de normalización que, principalmente en el caso de trastornos percibidos como no graves, prevé la prevención y la intervención y ya no tiende a relegar los problemas de salud mental y su tratamiento a un contexto diferente y estigmatizante.
“Los italianos parecen en gran medida conscientes de la necesidad de intervenir tempranamente para promover el bienestar mental y evitar que aumenten las formas leves de malestar – afirmó Ketty Vaccaro, directora de Censis Biomedical Research and Health – Los factores que consideran más importantes para promover la salud mental y cerebral van más allá de la dicotomía tradicional y parecen transversales, combinando aspectos individuales, como estilos de vida saludables (64,5%), relaciones familiares y sociales positivas (52,2%) y el equilibrio entre la vida profesional y privada (39,3%), con aquellos más vinculados a la vida social y determinantes ambientales, como un entorno de vida socialmente no degradado (28,3%). Las acciones de prevención consideradas más eficaces son también de carácter transversal, en las que la dimensión social y la necesidad de actuar hacia toda la población se destacan en múltiples frentes y en lugares cotidianos, desde la escuela hasta el mundo del trabajo.
“Hemos promovido esta investigación porque creemos que una comprensión cultural precisa del tema puede constituir la base de una respuesta eficaz a nivel sanitario y social – afirmó Tiziana Mele, directora general de Lundbeck Italia – Desde hace más de setenta años, nuestro compromiso se dedica exclusivamente a la neurociencia, con el objetivo de contribuir a una visión más amplia e integrada de la salud centrada en la persona a lo largo de la vida.
Tras la pandemia de Covid, el malestar mental de los jóvenes va en aumento. Según datos del Istat, frente a una población dividida en dos (el 49,3% en 2023 sufre algún tipo de malestar psicológico), el porcentaje de quienes declaran sufrir un malestar grave entre los jóvenes está aumentando, pasando del 13,1% al 16% entre los adolescentes y del 17,5% al 19,5% entre los jóvenes de 18 a 34 años. En este contexto, la cultura colectiva sobre la salud mental y cerebral confirma la hipótesis de una centralidad cada vez mayor de la dimensión del bienestar psicológico en la concepción de la salud, continúa el informe. Para el 31,3% de los italianos, la salud coincide con el equilibrio psicofísico y el bienestar mental, porcentaje que aumenta al 44% entre los jóvenes. Casi una de cada dos personas (46,7%) cree que el bienestar físico depende del bienestar psicológico, mientras que el 45,8% cree que se trata de dos aspectos de igual importancia. Sólo el 7,5% lo considera secundario.
La prevención es posible actuando en varios frentes. La importancia de la prevención está claramente indicada – se desprende de la encuesta -: el 90,3% de los italianos cree que es posible y necesario intervenir precozmente para evitar el empeoramiento de la salud mental y de los trastornos cerebrales. En el conjunto de intervenciones preventivas para todas las enfermedades cerebrales (es decir, trastornos neurológicos, del neurodesarrollo y psiquiátricos) consideradas más eficaces, se destaca la dimensión social y la necesidad de actuar en varios frentes, como la promoción del bienestar psicológico en la escuela (48,6%) y la presencia de apoyo en los lugares cotidianos (46,8%), incluido el lugar de trabajo. Una proporción similar (44%) indica una detección temprana mediante el cribado de la población y pide reforzar la actividad de los servicios dedicados a la salud mental y cerebral (43,2%).
El estudio destaca cómo, según los italianos, todavía existe un estigma social fuertemente asociado a las enfermedades mentales, en particular a las enfermedades psiquiátricas: el 67,9% cree que la vergüenza y la discriminación todavía pesan sobre estos trastornos, mientras que los trastornos neurológicos se consideran menos sujetos a formas de discriminación (44,9%). Esta percepción – concluye el informe – ayuda a explicar la imagen que los encuestados tienen de las personas que padecen un problema de salud mental, en las que la creencia dominante es que su situación vital sigue marcada por la vergüenza y el aislamiento social (alrededor del 59% así lo cree). Por otro lado, la sensibilidad colectiva e individual sobre el tema está aumentando: el 29,4% de las personas dice pensar a diario o con frecuencia en su salud mental, porcentaje que se eleva al 41,9% entre los jóvenes y al 34,3% entre las mujeres.