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Afirma haber sufrido el martirio. Laura Lanigan, azafata de vuelo de British Airways, pide £72.500 (más de 83.000 euros) a su empleador después de que éste resultara gravemente herido durante un vuelo en junio de 2019. Según la mujer de 56 años, el piloto voló “en una zona peligrosa” en el cielo de Mumbai (India).

La azafata, que había trabajado para la compañía durante casi 30 años, estaba en la cocina del avión mientras el Boeing 777 se preparaba para aterrizar cuando experimentó una turbulencia repentina y violenta que provocó rápidos ascensos y descensos. Fue lanzada por el aire y luego cayó pesadamente al suelo, provocándole una fractura en la rodilla y una dislocación del hombro, antes de que una botella de bebida cayera sobre ella.

Por lo tanto, Laura Lanigan ha decidido demandar a British Airways porque cree que su accidente se debió a que el piloto se acercó demasiado a una nube de tormenta, informa The Independent. Según ella, el piloto debería haber visto o detectado signos de una nube cumulonimbus cerca (una nube de tormenta) y tomar medidas, de acuerdo con el protocolo, para mantenerse a más de 32 km de él.

Motivo cuestionado por los abogados de la empresa británica, que sostienen que no había evidencia visual de la presencia de una nube de tormenta y que el radar meteorológico no mostraba rastro alguno de ella. Un oficial de operaciones en la cabina había informado que en el cielo había “sólo nubes blancas y esponjosas”, dijo al tribunal el abogado Peter Savory.

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“Las peores turbulencias que he vivido jamás”

Además, los abogados aseguran que hubo turbulencias “leves a moderadas” hacia el final del vuelo y que los testigos de los cinturones de seguridad de los pasajeros estaban encendidos.

“La señora Lanigan describió esta turbulencia como la peor que había experimentado en casi 30 años de vuelo”, dijo su abogado al tribunal. “La conclusión (de los expertos) implica que las nubes deben haber estado lo suficientemente cerca como para haber causado esta severa turbulencia”, añadió.

Una versión cuestionada por los abogados de la empresa que aseguran que “no se trataba de un cumulonimbo” y que el radar meteorológico del avión “no detectó nada que pudiera indicar la presencia de un cumulonimbo”.

Además, los abogados de la compañía señalan que el capitán había advertido a la tripulación de las condiciones meteorológicas antes del vuelo. “Recibimos un nuevo aviso de posible turbulencia dos horas antes del aterrizaje. La señal abróchense los cinturones de seguridad Se encendió una hora antes del aterrizaje, unos 40-45 minutos antes del accidente”, informan. “Ni ella ni ningún miembro de la tripulación consideraron necesario ni aconsejable sentarse, y nadie hizo comentarios al respecto”, concluyeron los abogados en el tribunal durante el juicio en curso.

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