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Es un sufrimiento que las familias de los marineros conocen bien. La incapacidad de resolver lo peor. Porque en el entorno marítimo nunca mueres realmente. “Desaparecemos”. Y para sufrir hay que gestionarlo lo mejor que se pueda. Aquí, en Coupvray (Seine-et-Marne), estamos lejos del océano. Hace unos días una pareja arrojó una botella al mar. Llegó a nuestra casa. “Mi cuñada Christine Szegidi falleció hace un año y medio. Con mi marido, que es su hermano, tenemos la impresión de haber sido olvidados. ¿Puedes hacer algo? » Había ese sufrimiento en la voz. La esperanza que nos hace sufrir. “Tenemos dificultades para procesar el duelo”, acabó confiándonos esta pareja de Yvelines.

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