200659374-31663147-ff55-4bfa-8a6a-7bbf0b234764.jpg

Foto de : Ansa

equipo editorial

Antonio Tajani repasó recientemente los diferentes frentes de un complicado contexto internacional en el Salón de los Espejos del Quirinal, frente a jóvenes diplomáticos. Sergio Mattarella, tomando la palabra, declara inmediatamente que quiere “reprimir el impulso de profundizar” en las consideraciones del Ministro de Asuntos Exteriores, pero luego casi no puede escapar de la gravedad del momento. Así, quienes han elegido el arduo camino de la diplomacia para su futuro se “limitan” a recordar lo fundamental. “Sentimos el deber de garantizar que el camino seguido por la comunidad internacional en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial no se disuelva ni se revierta”, dice claramente. El Jefe de Estado no deja de destacar, como ya lo ha hecho en otras ocasiones en el pasado, “las numerosas contradicciones, lagunas y defectos” encontrados a lo largo del camino, pero también subraya con fuerza los avances realizados en términos de civilización y de reglas compartidas.

“Es un patrimonio que hay que proteger, es un camino que hay que defender, también porque en definitiva – este es el resumen que confía a los jóvenes futuros embajadores – se trata de evitar que este camino sufra un giro repentino y dramático hacia la barbarie de la vida internacional”. Estas son palabras claras, en un momento crucial. Después del “acuerdo máximo” con Giorgia Meloni sobre la no participación de Italia en el Consejo de Paz deseado por Donald Trump, Mattarella vuelve a apoyar el multilateralismo y los logros -en términos de paz, desarrollo y cohesión social- alcanzados gracias a él y a las normas escritas juntos.

“Me detendré aquí”, dijo el inquilino de La Colle. Pero hay más. Mattarella subraya algo que debe parecer casi obvio a sus interlocutores, pero las contingencias no pueden dar paso a axiomas dados por sentados: “La Unión Europea desempeña un papel central en nuestra vida internacional y en nuestra actividad diplomática. La acción de nuestro país, la acción de Italia, es inseparable de la de la Unión”, afirma. No sólo eso. “Proteger la cohesión, el prestigio, la fuerza, la eficacia de las posiciones es, en realidad, otra forma de protección de nuestro protagonista, de nuestro interés nacional – se subraya – de nuestra capacidad de hacernos oír en la vida internacional”.

Su elogio de la diplomacia parte, pues, de esta conciencia: “No es una simple representación”, sino “una herramienta indispensable para el diálogo con otros países en la vida internacional, para hacer de nuestra República protagonista” y “una actividad de construcción paciente de confianza entre los Estados y entre los pueblos” que, para Mattarella, “es mucho más coherente, estable, permanente, sólida que la que existe entre instituciones”. Por lo tanto, incluso en la diplomacia hay que “tener coraje”; el coraje de defender el diálogo y las “posiciones civilizadas”, incluso en “tiempos de conflicto”, y “afirmar los principios del derecho internacional cuando son ignorados o violados”.

Referencia

About The Author