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Tras la publicación en el Giornale de unas conversaciones entre él y la empresaria pompeyana Maria Rosaria Boccia, en las que ambos hablan del “lobby gay”, Sigfrido Ranucci se defiende atacando a nuestro periódico. Acusándole sin rodeos de haber “manipulado” estos mensajes para publicar “comentarios homofóbicos indignos” contra Giletti, el presentador de Rai “al que va mi solidaridad”, concluye el presentador del Informe. Sin embargo, no hay nada manipulado en esta conversación, e incluso parece fuera de lugar la acusación de homofobia y de solidaridad con el colega supuestamente víctima de una revelación por parte de quien, en este intercambio de mensajes, inscribe primero al director Tommaso Cerno en el “muy peligroso” -aunque no mejor especificado- “club gay”, y luego añade que Giletti también formaría parte de él.

Y de hecho, aparte de la reacción pro domo sua del presentador del Informe, los demás comentarios sobre el tema son de otra índole. Elisabetta Gardini, vicedirectora del grupo Fdi en Montecitorio, pide una “reflexión seria y responsable sobre la relación entre información, política y protección de la esfera privada” tras los debates Boccia-Ranucci. Según Gardini, “si se confirman los ataques mediáticos organizados contra el Primer Ministro Meloni o contra algunos de sus representantes gubernamentales, elaborados con métodos opacos o instrumentales, deberían ser condenados sin ambigüedades”. El representante de la FDI reitera que la libertad de prensa es evidentemente “un valor indispensable de la democracia”, pero también recuerda que no puede “transformarse en un uso distorsionado de la información ni en un instrumento de presión política”. La “solidaridad con Tommaso Cerno” proviene del diputado de la Liga Norte, Nicola Ottaviani, que pide a la secretaria del PD, Elly Schlein, que adopte una postura sobre la cuestión “después de abrazar a Ranucci, casi llorando, por su historia personal, invocando la libertad de prensa y el ataque a la democracia”. Para Ottaviani, en efecto, “las palabras de Ranucci, si son ciertas”, son un ataque “contra la civilización, contra la dignidad de la persona y contra la libertad sentimental de cada individuo”. Un asunto “cada vez más grave y escandaloso”, comenta también el presidente de los senadores italianos, Maurizio Gasparri, subrayando que es “aún más escandaloso que haga todo esto con dinero de los ciudadanos” y sobre Rai. Gasparri condena también las “acciones” de Ranucci con Boccia “por sus campañas y por sus comportamientos graves () que, gracias a la benevolencia de los magistrados asociados, no son considerados como tales”, y el senador italiano, sobre las últimas conversaciones sobre el lobby gay, concluye que Ranucci “se confirma como un personaje no sólo sin escrúpulos en la gestión de las fuentes y en el tráfico de informaciones de todo tipo y tipo, sino también portador de un lenguaje de discriminación”.

Raffaele Speranzon, vicepresidente adjunto del grupo Fdi en el Senado y miembro de la Comisión de vigilancia de la Rai, habla de un “uso distorsionado” de las investigaciones “para atacar al gobierno Meloni”. “Más allá de la libertad de información, nos enfrentamos a una máquina de barro contra el gobierno”, suspira el representante de Fratelli d’Italia, pidiendo “claridad inmediata sobre las discusiones entre Boccia y Sigfrido Ranucci, porque el respeto institucional no puede ni debe fallar nunca”.

Pero incluso en la oposición hay a quienes no les gusta el tono y el contenido de las discusiones de Ranucci. Por ejemplo, el senador de Italia Viva Ivan Scalfarotto, según el cual “evocar la escena gay o el lobby gay es pura y simple homofobia”, o en otras palabras “la habitual, insoportable y estereotipada teoría de la conspiración”. “Rai concluye Scalfarotto: actúen, no podemos aceptar que un presentador de televisión pública se exprese de esta manera”.

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