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Veintiséis segundos es la duración de un vídeo del general Roberto Vannacci publicado por Matteo Salvini en sus perfiles sociales y difundido en todos los foros de la Liga Norte. Y no sólo eso. Veintiséis segundos donde se muestran todas las contradicciones del general. El vídeo muestra a Vannacci decidido a tranquilizar a los seguidores de la Liga Norte desde el escenario de Pontida. “Hoy estoy aquí”, dijo perentoriamente, “me decían: ‘Vannacci se va, toma un taxi, Vannacci utiliza la Liga como si fuera un minibús… ¡No, señores, estoy aquí!'”. Sin embargo, hoy el general ya no está. Para siempre. Abandona la Liga y traiciona sus promesas. Promesas hechas solemnemente en el escenario Pontida, en el césped verde, en la tierra sagrada. Asumió el cargo en Bruselas y, mientras tanto, trabajó en la construcción de su propio partido.

“Creo en la palabra dada y en el honor”, ​​vuelve a decir el general en el vídeo publicado por Salvini, “todos juntos avanzaremos…”, hay que entender en qué dirección. “¿Enojado? No. Decepcionado y amargado”, escribe el viceprimer ministro que se siente traicionado por un largo cargo. También porque el general siempre negó querer irse, querer irse. Lo hizo hasta hace unos días. Para él, fiel a su palabra (al menos eso decía de sí mismo), el problema eran los periodistas culpables de inventarlo todo. Incluyendo su lágrima. Qué pasó. ¿Quién mintió? Sin embargo, ésta es la pregunta que el general se niega a responder.

“La Liga había acogido a Vannacci en su gran familia cuando tenía a todos en su contra y se encontraba solo: grandes periódicos, comentaristas, políticos, izquierdistas y derechistas…”, se lee en la larga carta de Salvini, que continúa reivindicando candidaturas, posiciones y apoyo político. “Queríamos emprender un largo viaje juntos… Lamentablemente, ser parte de un grupo no significa sólo recibir, sino sobre todo fidelizar”.

Luego el golpe final, utilizando contra él las palabras de Vannacci: “Un soldado nunca abandona su puesto”. La conclusión es política antes incluso que personal: los hombres pasan, las ideas quedan. La fuerza de una comunidad no depende de reyes ni de generales, sino del pueblo y las tropas. Libre y fuerte. Sin miedo.

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