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El humo de los incendios forestales mató a 24.100 estadounidenses al año entre 2006 y 2020, según un estudio publicado el miércoles, cuyos autores subrayan la necesidad de un cambio urgente en la política climática de Estados Unidos. “Se trata de una cifra importante”, dijo a la AFP Min Zhang, autor principal de este estudio publicado en la revista Science Advances e investigador de la Escuela de Medicina Mount Sinai de Nueva York. “Este es un problema de salud pública muy preocupante”, añadió.

Con el calentamiento global, los incendios forestales son cada vez más grandes, más prolongados y más frecuentes. Sin embargo, los efectos sobre la salud de la exposición prolongada al tabaquismo siguen siendo poco conocidos. Incluso Donald Trump ha abandonado los esfuerzos para luchar contra el calentamiento global y ha preferido apoyar a las industrias de combustibles fósiles, las principales culpables del fenómeno.

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Sin embargo, el Gobierno “sabe qué hacer para luchar contra el cambio climático: promover las energías limpias, los coches eléctricos, aumentar la financiación de la investigación”, afirmó a la AFP Yaguang Wei, profesor adjunto de la Facultad de Medicina Mount Sinai de Nueva York. Y a nivel local, afirma, las autoridades deben desarrollar sistemas de alerta con antelación para anticipar la llegada de humos tóxicos e instalar filtros en hogares, oficinas, escuelas u hospitales.

Aumento significativo de la mortalidad

Para este estudio, los investigadores desarrollaron un método para distinguir los efectos acumulativos de las partículas finas emitidas por el humo. Si bien son fácilmente detectables consecuencias graves para la salud, que pueden provocar la muerte, es más difícil definir la causa cuando las toxinas permanecen en el organismo y pueden provocar posteriormente enfermedades respiratorias, cardiovasculares o neurológicas.

Los investigadores analizaron datos de mortalidad anual de más de 3.068 condados de EE. UU., excluyendo Alaska y Hawaii, y luego los vincularon con imágenes de satélite. Luego, excluyeron del análisis los factores externos que podrían haber explicado los cambios en la tasa de mortalidad.

Los resultados mostraron un claro aumento de la mortalidad. Las patologías más presentes en el estudio son la demencia, la enfermedad de Parkinson y también enfermedades del sistema circulatorio. “Normalmente, la gente padece enfermedades cardiovasculares y respiratorias causadas por el humo de los incendios forestales. Sin embargo, descubrimos que las enfermedades neurológicas eran más frecuentes”, afirma Yaguang Wei. “Nuestro cerebro parece ser la parte más vulnerable”.

Las zonas rurales más afectadas

Los efectos son más pronunciados en las zonas rurales, lugares a menudo cercanos a incendios forestales. Entre la población, los más jóvenes también son los más afectados, quizás porque pasan más tiempo al aire libre. Las bajas temperaturas también aumentan esta mortalidad: la gente sale más durante los veranos frescos, mientras que los inviernos fríos impiden que el humo se disipe, según los autores.

Esta cifra de 24.100 muertes por año representa más del doble de las 11.415 muertes estimadas anteriormente, cifra publicada en 2024 en la revista PNAS. Pero según Yaguang Wei, este nuevo impuesto probablemente esté subestimado porque el análisis a nivel de condado no permite la misma precisión que una encuesta por código postal o por barrio.

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