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“Operación en curso”, advierte un cartel rojo a la entrada de la sala de control del Centro de Ayuda al Desarrollo de Actividades en Microgravedad y Operaciones Espaciales (Cadmos). En las paredes de esta sala, a la que sólo pueden acceder personas debidamente autorizadas, los escudos de anteriores misiones espaciales están flanqueados por pantallas que transmiten imágenes en directo de la Estación Espacial Internacional desde diferentes ángulos. Instalado en un edificio sin alma a las afueras de Toulouse, este servicio del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) diseña y pilotea los experimentos realizados por los astronautas, especialmente franceses, a 400 kilómetros de altura, a bordo de la ISS.

“A esta altitud, la gravedad terrestre todavía está muy presente, pero el movimiento orbital de la estación crea un estado de microgravedad”, explica Sébastien Barde, subdirector de Exploración y Vuelo Humano del CNES. Por tanto, sirve como laboratorio para realizar trabajos científicos que son inalcanzables en la superficie del globo.

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