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En materia de asuntos internacionales, el norte de su brújula –porque lo tiene– es exclusivamente mercantilista. En otras palabras, su principal variable de toma de decisiones es siempre económica y no política, aunque a veces cubra sus iniciativas y demandas con un fino barniz léxico ideológico. Como el duro hombre de negocios que fue continuamente hasta la primera de sus tres campañas electorales, representa al mundo como un mercado en el que evolucionan “ganadores” y “perdedores”, una especie de ley selvática de rígidos equilibrios de poder comercial y financiero. En este esquema binario y maniqueo no hay ni aliados ni enemigos, sino simplemente clientes solventes y gente molesta o inútil.

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