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Un comienzo difícil. De hecho el doble. La versión 2026-2027 del acuerdo preventivo deberá superar dos picos difíciles. Por un lado, a ser reconfirmado por las 460 mil empresas, independientes y profesionales que optaron por el pacto bienal durante la primera edición para 2024-2025. Por otro lado, intentar convencer a los 2,2 millones de personas sujetas a IVA que hasta ahora se han mostrado “insensibles” a las peticiones de un acuerdo basado en el resultado propuesto por la Administración de Hacienda. En total, son cerca de 2,7 millones de contribuyentes los que gravitan en el ámbito de lo que en la jerga técnica llamamos Isa (indicadores sintéticos de confiabilidad tributaria) y que, de hecho, tendrán la posibilidad de protegerse de las auditorías tributarias. Una operación no sencilla, porque además de las valoraciones de conveniencia ligadas a la aceptación de una propuesta que implica mayores ingresos que declarar y, por tanto, más impuestos, hay todo un eslalon de condiciones que respetar para no toparse con exclusiones, rescisiones y confiscaciones que, como también lo demuestran las respuestas a Telefisco 2026 (ver “Il Sole 24 Ore” del 5 de febrero), requieren mucha atención por parte de los contribuyentes y de los intermediarios que las llevan a cabo. asistir.

Por tanto, la cuestión es doble. La renovación del acuerdo permitiría a los 460.000 números de IVA que ya han dicho sí en 2024 permanecer en la zona virtuosa, excluyéndose efectivamente del público potencial de temas sobre los que realizar controles específicos. Además, fue precisamente el decreto delegado que estableció el acuerdo el que dispuso expresamente que la Agencia Tributaria y la Policía Financiera consideraran utilizar una mayor capacidad operativa para intensificar la actividad de control contra los sujetos que no se adhieran al acuerdo bienal con los acreedores o que lo hayan perdido. Como decir que hay un factor de riesgo adicional (sin automatismo alguno, seamos claros) en haber tenido la oportunidad de sumarse y no haber podido o querido aprovecharla. Sin olvidar que la primera edición del acuerdo introdujo en la zona de seguridad aproximadamente 190.000 NIF que, antes de optar por el acuerdo, se encontraban en una zona de fiabilidad fiscal baja o muy baja, al tener una calificación inferior a 8 en sus formularios fiscales. Temas a los que hay que sumar los 20.000 (de 55.000 miembros) que pasaron a la zona de la “pegatina azul” con el concordato 2025-2026.

La otra montaña a escalar, sin embargo, la representan los 2,2 millones de personas que no mostraron interés en el acuerdo, ni en la primera ni en la segunda convocatoria. Y aquí probablemente conviene hacer al menos algunas reflexiones. Actualmente, no existen otras palancas para fomentar la membresía. La referencia es al arrepentimiento particular que acompañó a las dos primeras ediciones. El compromiso entre el pacto de futuro y la posibilidad de sanar el pasado (pero sólo si se hubiera presentado la declaración de la renta) era deseado por el Parlamento precisamente para amplificar el atractivo ante los que tenían algo que reparar en los últimos años y tenían la posibilidad de arreglar las cosas calculando un aumento y pagando un impuesto sustitutivo que será tanto más bajo cuanto mayor sea el voto del Isa. Se produce además un cortocircuito, ya denunciado por “Il Sole 24 Ore” el 22 de enero, sobre la hiperdepreciación, dado que quienes se adhieren no pueden luego reducir los ingresos acordados por el nuevo alivio para las inversiones en bienes de capital. Un problema similar al que se produjo con la súper deducción por nuevas contrataciones y que requirió una modificación continua del decreto corrector de la pasada primavera (Decreto Legislativo 81/2025) para no penalizar a quienes tenían las condiciones para beneficiarse del bono por aumento de empleo.

En realidad, es hora de abordar los aspectos que podrían dificultar la elección de un acuerdo. La fecha límite para decidir es el 30 de septiembre. Pero la experiencia de los dos primeros bienios demostró que los cambios reglamentarios con la máquina ya en marcha y la consiguiente necesidad de aclaraciones interpretativas entre las preguntas frecuentes y las circulares casi acabaron provocando un efecto boomerang, en lugar de estimular el acceso.

Sin olvidar, sin embargo, que el acuerdo y el cumplimiento cooperativo, que acaba de abrir la posibilidad de una opción para las PYME por debajo del umbral de facturación o de ingresos fijado ahora en 500 millones de euros, son las dos herramientas en las que ha invertido la “reforma Leo” para ampliar el ámbito de la fiabilidad fiscal, dirigiendo así tiempo y recursos hacia el control de quienes no demuestran colaboración con la administración tributaria.

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