Un nuevo estudio muestra cómo el ajolote regenera partes del cuerpo perdidas. Puede volver a crecer tanto la cola como las patas.
El cuerpo humano puede reparar mucho, pero no todo. Las heridas se cierran, los huesos sanan, pero el tejido que se pierde permanece perdido. Esta regla no se aplica al ajolote. Puede volver a crecer tanto la cola como las patas. Lo nuevo, sin embargo, es lo que sucede dentro de las células. La regeneración no comienza automáticamente, como muestra un nuevo estudio, sino que sigue claros desencadenantes biológicos.
Sólo una lesión obliga a algunas células madre musculares a abandonar la tarea asignada. En la cola, las células regresan temporalmente a su estado embrionario inicial y toman una nueva decisión: sobre los músculos o sobre los tejidos de soporte. Este paso está controlado por un sistema de señalización interno al que hasta ahora ha recibido poca atención.
Ajolote: las células madre reaccionan de manera diferente según la región del cuerpo
En la cola del ajolote hay células madre musculares con una tarea muy específica. Renuevan las fibras musculares. Después de una amputación, su comportamiento cambia significativamente. Las células pierden parte de su especialización y temporalmente se vuelven más flexibles. En esta fase no sólo se forman nuevos músculos, sino también cartílagos, tejido conectivo y componentes de los vasos sanguíneos. Esta situación sigue siendo temporal. Tan pronto como la cola vuelve a crecer, termina de nuevo.
Esta flexibilidad falta en las patas del animal. Allí, las células madre sólo renuevan el tejido muscular, incluso después de una amputación. La diferencia no está en la lesión en sí, sino en la zona del cuerpo. La cola y las extremidades siguen diferentes programas biológicos. Por eso la regeneración no se produce de la misma manera en todas las partes del cuerpo.
El tipo de tejido sigue un sistema de señalización claro
Un único factor de crecimiento controla este proceso. Se trata del TGF-Beta, una sustancia señalizadora que se encuentra en muchos organismos. Su concentración determina el resultado. Niveles elevados promueven la formación de tejido conectivo y cartílago. Los niveles bajos promueven el desarrollo del tejido muscular. El proceso sigue reglas fijas y no un principio aleatorio.
Este efecto se puede influir de forma específica. Si la señal se debilita, difícilmente se formarán células del tejido conectivo. Cuando se refuerzan, dominan. Las células musculares luego pasan a un segundo plano. La regeneración sigue instrucciones biológicas claras. Es ordenado y controlado.
Los trasplantes muestran que las células madre de la cola también mantienen la flexibilidad de la pierna
Los experimentos con células madre individuales han proporcionado más pistas. Los investigadores monitorearon las células marcadas durante varias semanas. Esto demostró que sólo determinadas células eran capaces de formar diferentes tipos de tejido. Otros permanecieron estrechamente vinculados a una línea. Por tanto, la población de células madre no es uniforme.
La diferencia se hizo aún más evidente en lo que respecta a los trasplantes. Las células madre de la cola también conservaron su flexibilidad en la pierna. Por el contrario, las células madre de las patas permanecieron rígidas incluso en la cola. Esta propiedad es inherente a la propia célula. Lleva consigo una especie de memoria biológica de su origen.
Se ha observado regeneración en ajolotes en el laboratorio.
Estos resultados surgen de un estudio en profundidad en el que participó, entre otros, el Instituto de Biotecnología Molecular de Viena. Un equipo internacional dirigido por la bióloga Elly Tanaka analizó miles de células individuales en diferentes momentos. Los métodos de secuenciación modernos han permitido ver cuándo cambian las células y qué dirección toman.
Los hallazgos no proporcionan un camino directo para que los brazos o las piernas vuelvan a crecer. Sin embargo, explican por qué la regeneración sigue siendo fundamentalmente posible y, al mismo tiempo, muy limitada.