Reformarse o perecer en un mundo donde el multilateralismo político y económico se está desmoronando. Éste es el contundente mensaje compartido este miércoles por Ngozi Okonjo-Iweala, directora de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en la sede de la organización en Ginebra.
Fundada en 1995 para promover una forma de “globalización feliz”, la organización pretende, según su sitio web oficial, “apoyar el desarrollo económico” países y trabajar para “relaciones pacíficas entre naciones”. Pero en veinte años la situación geoeconómica se ha invertido completamente, culminando con la “bazuca aduanera” de Donald Trump, en el contexto de una despiadada guerra comercial con la China de Xi Jinping.
El jefe de la OMC comprendió claramente esta nueva situación. Así lo demuestran estas palabras bastante directas, en contraste con el tono moderado habitual: “Nos reunimos hoy en un punto de inflexión decisivo, no sólo para la OMC sino… para el sistema multilateral (…) Si no tenemos el sistema de la OMC, ¿qué significa eso? Seré muy honesto con usted: será un caos. »
La primera reforma importante prevista por la OMC podría afectar uno de sus principios fundacionales: la cláusula de nación más favorecida (NMF). O una medida económica de “no discriminación”, que ha aparecido en numerosos tratados comerciales internacionales desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Permite a un Estado beneficiarse de las mismas ventajas comerciales que cualquier otro Estado, por la importación de un producto similar. Una modalidad que Donald Trump claramente hizo añicos al imponer unilateralmente sus derechos aduaneros diferenciados en abril de 2025.