FFebrero es un mes propicio para la recolección de nabos, rábanos de invierno, remolachas, zanahorias largas, tupinambos… todas raíces comestibles que dejaron de crecer el otoño anterior, pero que fueron dejados en el suelo, habiendo servido como refrigerador natural.
Las raíces. Representan, de media, un tercio de la biomasa de la planta. Su misión: asegurar el anclaje al suelo, pero también bombear agua y minerales, ayudados por sus preciosos aliados fúngicos o bacterianos. Todos recursos vitales que luego serán redistribuidos por toda la planta, incluidos los órganos aéreos. A cambio, las hojas producen, mediante la fotosíntesis, azúcares que sirven de combustible para toda la planta. “Si la rama quiere florecer, honra sus raíces”, dice un proverbio africano.
Pero, ¿cómo, ocultos a la vista, estos árboles ocultos tejen su red? “A diferencia de la parte aérea, que deja de crecer en longitud una vez alcanza la altura máxima, las raíces continúan extendiéndose durante toda la vida de la planta”indica la investigadora biológica Marie-Cécile Caillaud, de la Escuela Normal Superior de Lyon.
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