Esta publicación está extraída del boletín semanal para padres “Darons daronnes”, que se envía todos los miércoles a las 6 p.m. Puedes suscribirte a este boletín de forma gratuita siguiendo este enlace.
Es bueno, de vez en cuando, volver a la condición de daron. Recordemos que nuestros hijos, una vez llegan a cierta edad, nos miran como dinosaurios para ser descartados (o catalogables como “padres molestos”). Pensé que con tres niños de 10, 8 y 6 años todavía nos quedaban algunos años de respiro por delante. Pero parece que, como un mundo que ha perdido el pedal del freno (o incluso los pedales), nuestros hijos han decidido apretar el hongo para crecer a un ritmo acelerado.
Esta semana tuve pruebas léxicas y culturales de esto. Cuando tenía 6, 8 o incluso 10 años hablaba como un niño. Es decir, como mis padres, sólo que peor. Mi único acto de emancipación fue ver “Club Dorothée” de vez en cuando (“¡Pero él es de derechas!” »dijeron consternados), coge a Crados y canta Isabelle tiene ojos azules..
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