“Uno nunca debería hablar con ciertas personas”, dice Aristóteles en los Temas, “especialmente con inquisidores como Vyinsky que no conocen los matices de la ley”. Otello Lupacchini es el ex fiscal de Catanzaro que criticó las investigaciones de Nicola Gratteri utilizando la metáfora de la sombra loca y recibió una reprimenda del CSM, invocada por el entonces Ministro de Justicia Alfonso Bonafede.
“Los mafiosos votan sí”. ¿Y ella?
“Voto que sí, pero no soy mafioso, ni pertenezco a ningún centro de poder, siendo librepensador, ni masón, ni delincuente convicto, a pesar de que intentaron condenarme por delitos inexistentes con pruebas que el juez calificó de falsas”.
¿Quién la acusó?
“Un charlatán de la policía judicial de Catanzaro desconocía la existencia del artículo 11 del Código de Procedimiento Penal y envió a Gratteri ciertos documentos contra mí. Un abuso para ambos, recibirlos y transmitirlos.”
Gratteri es un icono antimafia…
“No. Vive en el mundo de la teología antimafia, que teoriza qué pensar de lo contrario es un estilo herético de la Santa Inquisición”.
Es la antimafia un tanto ideológica.
“La ideología es una falsa conciencia, estamos ante el pensamiento mismo de sanos portadores de legalidad, inmunes a ella”.
Sus métodos funcionan…
“El milanés Giulio Claro se preguntaba si era bueno violar las leyes persiguiendo y juzgando crímenes atroces”.
Pero la lucha por la legalidad…
“La legalidad se promueve peleando con una mano atada a la espalda y sin usar las manos, los pies, los dientes o la lengua. Hablar de pelear es una mistificación frente a la aplicación rigurosa de la ley”.
“El Sí no quiere una justicia efectiva”, repite…
“Tenemos que ver qué significa eso. Promover la propia imagen de defensor de esa legalidad no lo es. Esto lo demuestra la plétora y costosas aplicaciones de la prisión preventiva, con el despliegue de agentes al estilo Normandía”.
Pero en el juicio…
“Frente a un juez tercero, que nunca lo será del todo mientras fiscales y jueces coexistan dentro de un mismo órgano, la cosa cambia. Y ahí sus resultados tienden a menudo hacia los prefijos telefónicos”.
¿Realmente necesitamos un Tribunal Superior?
“A pesar de la ignorancia de quienes me juzgaron, ignorancia en el sentido técnico, aunque enmascarada por títulos académicos – véase el profesor Fulvio Gigliotti de Catanzaro – y como era necesario proteger el monumento creado como en el sueño de Nabucodonosor, el gigante con cabeza de oro y pies de barro, fui privado de la palabra cada vez que explicaba mis razones al CSM”.
Tests de psicoaptitud: ¿sí o no?
“No. Desde 1993 he afirmado que es una aberración poner a los magistrados en manos de psicólogos, es decir, sujetos no menos peligrosos que los jueces.
Sólo hay que juzgar el comportamiento y equilibrio que puede dar el hombre de la calle. Lo que no debería aplicarse es la técnica gratteriana de “cara gano yo, cruz tú pierdes” que metió a Pinocho en prisión.