“Odiaba que me llamaran por mi nombre, odiaba que me arrastraran por todas partes. Terminé teniendo ataques de pánico y ansiedad”. Es un Costantino Vitagliano sin filtros lo que le cuenta a Ciao Maschio, en el salón de Nunzia De Girolamo, en el episodio emitido hoy, sábado 14 de febrero, en Rai 1. El ex tronista por excelencia recorre su parábola mediática: del “hambre” de un niño de origen modesto al éxito abrumador que lo llevó al colapso psicológico y a la huida de Italia.
Hambre y desvergüenza
La entrevista parte de las raíces. “No nací en una familia rica, tenía que ganarlo todo y eso me hizo fuerte”, dice Vitagliano. Su determinación nació de una necesidad material y emocional: “Tenía que llegar a toda costa, porque quería sentirme bien y tener las cosas que veía en los demás, pero no podía permitírmelo”. Los padres, dijo, “venían de familias que trabajaban todo el día y sólo sabían hacer eso”. Este impulso interno justificó su famosa audacia televisiva. Cuando el presentador le pregunta si, en su época dorada, realmente creía que era “el más guapo de todos”, la respuesta es tajante: “Por supuesto que lo creía”.
El colapso y la huida en España
Lo malo de ser el “rey de los tronistas” era el rechazo a la propia imagen. La sobreexposición mediática se había vuelto insoportable: “Antes tenías paparazzi persiguiéndote todo el día. De 10 portadas, yo aparecía en 9”. De ahí la decisión radical de abandonar el país para salvarse: “Escapé de esto que me oprimía”. Vitagliano se mudó a España durante varios años, buscando una dimensión empresarial alejada de los flashes italianos: “Vivía en Madrid. Estaba a menudo en Ibiza y Formentera, tenía discotecas y playa allí. Invertí mucho: muchas cosas salieron bien y otras no”.
Mentores y decepción
Lele Mora Un capítulo fundamental está dedicado a quienes lo lanzaron, Maria De Filippi y Maurizio Costanzo. “Les debo mucho”, admite agradecido. “Exploté en sus manos, cuando comprendieron que estaban escuchando ciertas cosas conmigo. Vieron el hambre, las ganas de hacer cosas”. El tono reservado a su histórica agente, Lele Mora, es otro. No hay venganza, sino una amarga observación sobre la gestión profesional: “Más que traicionado, estaba enojado porque no había velado por los intereses de quienes le aportaban más dinero”, especifica Vitagliano. “Elegí darle el 50% (de las ganancias, nota del editor)”. Según el ex tronista, el problema fue el exceso de confianza por parte del directivo: “En un momento tuvo confianza y se pensó que era intocable”.