Mientras Italia se une en la memoria del drama de la Fe y del éxodo juliano-dálmata, algunos eligen una vez más el camino del insulto y el vandalismo. Pero también es doloroso ver que cada vez se intentan más limitar la libertad de expresión. En Cividale del Friuli, por ejemplo, otro colectivo de izquierda radical quisiera impedir que incluso el senador de los Fratelli d’Italia, Roberto Menia, se detenga en la ciudad, donde hoy presenta su libro “10 de febrero: de la fe al éxodo”.
“Las escuelas son directores antifascistas libres, no aceptaremos pasivamente la presencia de sujetos de naturaleza neofascista”, afirmó Immanuel Käser, coordinador del Movimiento Estudiantil para el Futuro.
En un comunicado, la presencia de Menia define como “problemática”, especialmente con motivo de conmemoraciones tan importantes como las de la foibe y en otro pasaje afirman que, “frente a figuras neofascistas tan importantes, la protesta democrática es el único método para contrarrestar las políticas de legitimación pública de las posiciones neofascistas del gobierno”.
Por eso, de manera democrática, están presionando para que Menia no llegue a la ciudad y para pedirlo han colgado folletos con las palabras “Aparte de Menia, Cividale es antifascista”. El problema surge aquí en la creencia de que exigir el silenciamiento de un senador puede considerarse un desafío democrático. Y lo hacen en nombre de “la identidad partidista y antifascista de la ciudad”.
El humus ideológico es el mismo de quienes, de forma anónima, en Florencia desfiguraron por enésima vez la placa dedicada a Norma Cossetto en el jardín que lleva su nombre, en Sorgue. No se trata de un gesto aislado sino de una práctica consolidada para borrar la memoria de uno de los mártires de la Fe. Hace poco más de un mes, esta misma placa fue arrancada y cubierta de barro, exactamente como ha ocurrido en las últimas horas. “Vergonzoso insulto a la memoria que ultraja a las víctimas de la violencia de Tito”, comentó el presidente de la Cámara, Lorenzo Fontana. “Desprecio por la memoria de una Medalla de Oro al Mérito Civil, símbolo de una tragedia histórica que merece respeto”, afirmó Barbara Nannucci, concejal del distrito 3, quien, junto con la Aegd, la Asociación de Amigos de los Exiliados Julián-Dálmatas, informó del incidente.
En pocas horas, la placa fue restaurada por el Ayuntamiento, según explicó la concejala de Toponimia Caterina Biti, subrayando que “si alguien piensa en eliminar o empañar un lugar que es símbolo de una memoria pública y compartida, que sepa que no retrocederemos ni un milímetro”. Todo esto se produce bajo el signo de un antifascismo desarraigado de su verdadero significado.