Tornamira, como se la llama en occitano, domina el verde valle de Dora, en el corazón de las montañas de Cantal. Clasificado entre los pueblos más bellos de Francia desde 1982, desde la creación de la marca, esta pequeña joya corría el riesgo de perder su estatus por falta de dinamismo. Pero esto sin tener en cuenta la determinación de una familia del pueblo, que había vuelto a invertir en sus tierras.