Cada vez más escuelas luchan por establecer reglas claras para los teléfonos inteligentes. El experto en adicción a los medios Florian Buschmann explica por qué las prohibiciones por sí solas no son suficientes.
Cada vez más estados federados discuten la prohibición del uso de teléfonos móviles en las escuelas. Mientras que algunos generalmente prohíben su uso, otros dejan la decisión en manos de las escuelas individuales. Sin embargo, una cosa está clara: las medidas individuales no son suficientes si no se integran en un concepto de prevención global. Mis experiencias en más de 1.500 eventos escolares con más de 50.000 participantes muestran cuán profundamente los teléfonos inteligentes están cambiando la vida escolar diaria.
Francia ya lo ha prohibido en las escuelas primarias y secundarias.
Quien observa a niños y jóvenes en el patio de un colegio se da cuenta rápidamente de lo explosivo que es el tema. Donde se permiten los teléfonos móviles, suele reinar un silencio perceptible. Las niñas y los niños miran sus exhibiciones. No hay conversaciones, juegos juntos ni carreras. La dinámica social está cambiando visiblemente. Otros países ya han respondido. Francia prohíbe los teléfonos móviles en las escuelas primarias y secundarias. En los Países Bajos, su uso en las clases de todos los niveles escolares es tabú. También en Alemania se han aprobado las primeras normas legales con el objetivo de fomentar la concentración y fortalecer las habilidades sociales.
Lo sorprendente, sin embargo, es que a menudo la atención se centra únicamente en las escuelas primarias. Y esto a pesar de que el problema nunca ha sido especialmente pronunciado allí. Para los niños de entre seis y nueve años, se tomaron medidas preventivas para garantizar que no se utilizaran teléfonos móviles en las zonas escolares. Las normas vinculantes en las escuelas secundarias son mucho más relevantes. Allí se observa a menudo un uso excesivo, con consecuencias como problemas de atención, retraimiento social y una creciente sobrecarga sensorial.
Florian Buschmann, fundador de “Offline Heroes”, promueve la alfabetización mediática, la prevención de la adicción a los medios y el uso correcto de la inteligencia artificial. Es parte de nuestro Club EXPERTOS. El contenido representa su opinión personal basada en su experiencia individual.
Votación, anulación y consecuencias sobre el desempeño
En la escuela donde trabajo se votó una posible prohibición de los teléfonos móviles. La mayoría de los docentes estaban a favor, pero fueron superados en número por padres y estudiantes. Incluso durante los descansos quedó claro que apenas se producían conversaciones personales. El cerebro necesita períodos de recuperación entre lecciones. Los estímulos constantes de los teléfonos inteligentes provocan una sobreestimulación. La caída del rendimiento no es sorprendente en estas condiciones. Una mayor gamificación en la enseñanza no puede resolver este problema básico.
Las discusiones en clase han demostrado que muchos niños comprenden el problema. Pero la intuición por sí sola no es suficiente. Los niños y jóvenes carecen de las capacidades cognitivas para regular adecuadamente su uso de los medios. Si lo esperamos, rápidamente los abrumaremos. Para que la escuela siga siendo un lugar de aprendizaje, se necesitan verdaderos descansos, verdadera comunicación y verdaderos modelos a seguir. También se pone en perspectiva el tema de la disponibilidad constante. El contacto entre padres e hijos puede realizarse en cualquier momento a través de la secretaría del colegio. Un teléfono inteligente no aporta ningún valor añadido a la vida escolar cotidiana a menos que se utilice específicamente con fines educativos. Las experiencias sostenibles nacen lejos de la pantalla. Después de una clase, un niño recordó un desafío de flexiones que se le presentó. Obviamente estaba muy entusiasmado, empezamos de inmediato y muchos otros niños se unieron a nosotros inmediatamente.
Los estudios científicos muestran efectos mensurables
El debate sobre la prohibición de los teléfonos móviles es emotivo. En muchos lugares, los profesores trabajan al límite, mientras que las normas poco claras y las numerosas excepciones provocan mayor incertidumbre. Si bien todos los involucrados quieren un ambiente propicio para el aprendizaje, hay desacuerdo sobre el camino correcto. Algunos dicen: “El teléfono móvil es parte del juego, a más tardar al terminar el colegio todos estarán allí con él”. Otros responden: “Es exactamente por eso que debemos crear un entorno seguro”.
La búsqueda proporciona resultados diferenciados. Un estudio británico muestra que prohibir los teléfonos móviles mejora los resultados de los exámenes, especialmente entre los estudiantes de menor rendimiento. Menos distracciones conducen a calificaciones significativamente mejores. Un estudio realizado en EE.UU. llegó a la conclusión de que la simple visibilidad del teléfono inteligente reduce las capacidades cognitivas. Los dispositivos deshabilitados también tienen un impacto negativo en el rendimiento. Al mismo tiempo, otro estudio inglés destaca los efectos limitados de las prohibiciones escolares. No hubo mejoras mensurables en el bienestar, el sueño, la actividad, el comportamiento o el rendimiento. El tiempo total de uso diario es crucial.
Las medidas complementarias determinan el éxito
De estos hallazgos surge una imagen clara: prohibir los teléfonos móviles por sí sola no es suficiente. Puede ser un primer paso para prevenir la adicción a los medios y estabilizar el rendimiento académico. Pero sin apoyo educativo y medidas adicionales, el efecto sigue siendo limitado. Estas incluyen la promoción específica de la actividad física, el cambio del diseño de la instrucción, la educación mediática integral y la reducción del tiempo dedicado a los teléfonos inteligentes fuera de la escuela. Todos somos responsables de esto y ha llegado el momento de actuar. Las prohibiciones de teléfonos móviles pueden mejorar el rendimiento si se implementan de manera consistente y se apoyan educativamente. Sin medidas de acompañamiento el efecto se evaporará.
Los comentarios de un profesor después de uno de mis talleres muestran cuán sostenible puede ser la prevención: “Los estudiantes estaban muy entusiasmados con el taller. (…) Una madre incluso dijo que su hijo pidió reglas más estrictas para el uso de los medios en casa”. Esto deja claro que la protección efectiva de los niños y jóvenes no termina en la entrada de la escuela, sino que debe incluir toda su vida diaria.