En el recinto del tribunal judicial de Créteil (Val-de-Marne), Richard Ferrand ocupa el tradicional lugar de presidente del Tribunal de lo Penal. Pero ante cientos de estudiantes y profesores universitarios, lo que lanza el jefe del Consejo Constitucional es más bien una arenga de abogado. Su batalla: el Estado de derecho, que “es objeto de críticas y amenazas cada vez mayores (…) Somos el baluarte”, asegura solemnemente.
“Nosotros” somos los nueve sabios que examinamos la conformidad de las leyes con la Constitución. Hace exactamente un año, el ex diputado, ex ministro y ex presidente de la Asamblea Nacional, fue designado por Emmanuel Macron para dirigir la institución, antes de obtener la luz verde del Parlamento… por un pelo, por un voto. “La controversia no le había afectado. La confusión nunca fue el problema de Richard”, sonríe un amigo.