Todo menos una tregua olímpica. El sabotaje de los últimos días a la red ferroviaria italiana se produjo en medio de un evento deportivo, y el hecho de que nadie en las instituciones los subestimó lo prueba la citación ad hoc de la Comisión de Orden Público y Seguridad ayer por la tarde en el Ministerio del Interior. Una reunión presidida por el ministro del Interior, Matteo Piantedosi, a la que asistieron, además de los responsables de las fuerzas policiales y de inteligencia, también los de los Ferrocarriles del Estado. Todo ello, evidentemente, en la mayor confidencialidad, porque se trata de un juego que no sólo es de investigación, sino que también se refiere específicamente a la lectura estratégica de la amenaza y a la adopción de contramedidas.
Sobre la mesa, el análisis de los episodios que, la semana pasada, afectaron a las vías italianas en diferentes nodos cruciales para la movilidad ferroviaria, desde el eje Roma-Florencia al de Roma-Nápoles, pasando por Bolonia y Pesaro. Sabotaje de baja tecnología pero de alto impacto: cables quemados en los lugares correctos, alcantarillas arrancadas en áreas no bajo videovigilancia, intervenciones destinadas a paralizar el tráfico con un riesgo mínimo para los perpetradores. Sabotaje que “parece realizarse en los momentos más críticos y en los lugares más críticos”, por lo tanto con “una elección muy cuidadosa por parte de quienes los implementan”, comentó el director general de FS, Stefano Antonio Donnarumma. Resumiendo un tema que surgió de los elementos recopilados por los técnicos de RFI y los investigadores de Polfer que trabajan en estrecha colaboración: elección sensata de los objetivos, conocimiento de los sistemas, capacidad para atacar infraestructuras de tráfico críticas y, de hecho, un momento que no es aleatorio. No acciones demostrativas, sino ataques destinados a producir caos.
Ataques detrás de los cuales Viminale cree que hay una dirección única que orquesta una campaña de sabotaje vinculada entre sí, y cuya firma sería atribuible a una zona definida de antagonismo anarquista y radical. Razón que también explica la implicación del grupo antiterrorista en las investigaciones en curso en determinadas fiscalías laborales, así como la calificación jurídica que está surgiendo, con las hipótesis de atentado a la seguridad del transporte y asociación con fines terroristas. El temor, compartido en la cumbre, es la replicabilidad, efecto entre otras cosas de la imposibilidad objetiva de controlar las vías del Norte al Sur del país. La red ferroviaria italiana se extiende a lo largo de miles de kilómetros de líneas con muchos puntos técnicos alejados de controles humanos y videovigilancia. Por tanto, las medidas esenciales para reforzar la vigilancia pasan por el uso de drones y un aumento de los controles en tramos remotos de carreteras muy transitadas o en zonas rurales.
Pero, además de evaluar las contramedidas a adoptar, durante el encuentro también surgió el tema de una posible convergencia entre diferentes radicalismos antisistema, capaces de encontrar puntos comunes de acción y visibilidad en el sabotaje de las infraestructuras. Se trata de un análisis que recuerda la posible “soldadura” entre la zona anarco-antagonista y el radicalismo islamista, ya mencionada ayer por Piantedosi en su entrevista a Giornale.