domingo 15 de febrero de 2026
Charlie, olvido y olvido.
Un artículo del sitio americano. Semáforo Dijo que entre las muchas historias descubiertas en los “expedientes Epstein” estaba también la insistencia de Epstein y sus colaboradores en los periódicos para obtener la supresión de artículos relacionados con sus primeras condenas. Y la disponibilidad de algunos de los periódicos contactados.
Es fácil formarse una opinión negativa sobre estas elecciones, ya que se refieren a Epstein, cuyo nombre se ha vuelto más radiactivo que cualquier otro en los últimos meses. Pero este tipo de peticiones llegan todos los días a los periódicos sobre los más variados temas, casi siempre en nombre del “derecho al olvido”, o más bien de un concepto al que hemos acordado dar respeto y legitimidad jurídica, incluso (aunque bastante confusa y esquiva). Esto crea muchas contradicciones inevitables: la primera de ellas es la necesidad de hacer convivir en nuestras sociedades el valor de la “memoria”, el conocimiento público del pasado, el acceso a la información y el derecho individual a la privacidad y protección frente a una serie de consecuencias indeseables que el primer valor conlleva.
Como hemos dicho en otras ocasiones, gran parte de estas contradicciones recae en las redacciones (incluidas las oficinas y asesores jurídicos de los grandes periódicos, que tienden a dejar prevalecer la cautela y la censura) que deben elegir -independientemente de la presentabilidad moral del solicitante- cómo mantener en equilibrio una inclasificable variedad de factores entre los que se encuentran la notoriedad de las personas citadas, su papel en los hechos descritos, la evolución posterior, la utilidad pública de la información, etc. En el caso de Epstein, era fácil identificar la elección correcta ética y periodísticamente, pero en la mayoría de los casos todo es mucho más complicado.
Fin de este prólogo.
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