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(Adnkronos) – El informe de Vittorio Rizzi, prefecto y director de Dis, destacó como uno de los momentos más densos y sistémicos de la sexta edición del Premio de Inteligencia Francesco Cossiga. Una intervención que mezcló memoria histórica, análisis geopolítico y reflexión estratégica, situando el papel de la inteligencia italiana en las profundas transformaciones del sistema internacional.

Desde el principio, Rizzi recordó la figura del almirante Fulvio Martini, definiéndolo como un “hito” en la historia de la inteligencia nacional. No sólo por los éxitos operativos, sino también por la capacidad de leer de antemano las trayectorias de la competencia global. Una capacidad que resulta especialmente relevante hoy en día.

Rizzi describió el escenario internacional como una fase de profundo desorden global, caracterizada por un aumento significativo de los conflictos y un cambio en el equilibrio entre los sistemas políticos. El aumento del número de guerras, la creciente intensidad de los conflictos y la redefinición de las relaciones entre democracias y autocracias representan, en la lectura del director de Dis, indicadores de una transformación estructural del contexto estratégico.

No se trata, explica, de crisis episódicas, sino de un cambio de paradigmas: “La competencia ha pasado progresivamente del nivel militar tradicional al nivel económico, tecnológico e informativo”. Una dinámica que hace cada vez más porosas las fronteras entre seguridad, economía e innovación.

Una dinámica ligada al legado ambivalente de la globalización. Rizzi destacó cómo las cadenas de valor, que durante años sustentaron el crecimiento y la interdependencia, se han ido transformando en factores de vulnerabilidad. Las dependencias tecnológicas, la concentración de la producción de componentes críticos y las asimetrías informáticas aparecen hoy como variables decisivas de la seguridad nacional. No cubrir plenamente determinadas cadenas de suministro estratégicas, observó, equivale a exponer al Estado a riesgos que ya no son teóricos sino concretos.

Desde esta perspectiva, la seguridad ya no se limita a la tradicional dimensión militar o informativa. Esto se convierte en una función transversal que involucra infraestructuras digitales, capacidades de cálculo, algoritmos, datos.

“La soberanía tecnológica no es ni un lujo ni un privilegio, sino un deber democrático. » El director del DIS vinculó directamente la capacidad informática a la soberanía decisoria de los Estados.

Es particularmente significativo el pasaje dedicado a la capacidad informática y al tema de los fracasos, un indicador técnico utilizado para medir la potencia informática disponible. El director de Dis destacó cómo la soberanía tecnológica ya no puede ignorar la disponibilidad de infraestructuras informáticas avanzadas, necesarias para procesar grandes volúmenes de datos, soportar análisis complejos y operar eficazmente en el ámbito digital y cognitivo.

Sin entrar en detalles operativos, Rizzi destacó que el sector de la inteligencia ha registrado un aumento significativo de sus capacidades, “mejoradas por los fracasos de 1970”, precisando que este es el parámetro con el que se mide la capacidad informática per cápita disponible para el personal.

En concreto, explicó, este refuerzo permite garantizar a cada empleado una capacidad “in house”, es decir interna y no dependiente de plataformas externas, comparable (en términos de acceso y procesamiento de información) a la que los grandes operadores globales como OpenAI pueden ofrecer a sus usuarios. Una elección estratégica que, según la visión esbozada por el director de Dis, responde a la necesidad de evitar dependencias críticas y preservar la autonomía analítica, la confidencialidad y la soberanía en la toma de decisiones.

La dimensión tecnológica, en esta lectura, no representa simplemente un apoyo operativo a la inteligencia, sino una de las principales áreas en las que se desarrolla la competencia estratégica global. El fortalecimiento de las capacidades tecnológicas internas no responde a una lógica de fortalecimiento abstracto, sino a una necesidad de proteger la autonomía analítica y operativa del sistema nacional.

Entre los pasajes más innovadores y conceptualmente relevantes del informe se encuentra el dedicado al ámbito cognitivo.

“Hoy en día, el libre albedrío es la infraestructura más crítica que hay que proteger”, dijo Rizzi, llevando el debate sobre inteligencia a un nivel más allá de la dimensión de seguridad tradicional. La guerra cognitiva, las campañas de manipulación de la información, la microfocalización psicométrica y la difusión de contenidos sintéticos como los deepfakes están redefiniendo el campo de confrontación entre Estados y actores no estatales. El conflicto ya no apunta sólo a la infraestructura material o a las redes de información, sino también a la percepción, la confianza y la cohesión social.

Desde esta perspectiva, proteger las condiciones cognitivas de la democracia se convierte en una función estratégica. La inteligencia, explicó, también está llamada a funcionar como salvaguarda de la resiliencia cognitiva colectiva.

El cambio de escenario conduce, en la visión esbozada por el director de Dis, a una profunda transformación también en términos de competencias. Rizzi recordó la creciente necesidad de profesionales altamente especializados en sectores tecnológicos avanzados. La inteligencia artificial, el análisis de datos, la ciberseguridad y la capacidad informática se están convirtiendo en elementos estructurales de la actividad de inteligencia contemporánea.

La velocidad de la innovación tecnológica exige una revisión constante de los perfiles profesionales y de los métodos de contratación, con una apertura cada vez mayor hacia las competencias interdisciplinares y las nuevas generaciones de especialistas.

Además de la dimensión tecnológica y estratégica, Rizzi dedicó mucho espacio al carácter democrático de la inteligencia italiana. El director del DIS reiteró enérgicamente que los Servicios operan dentro de un perímetro rigurosamente definido por la Constitución y la ley, basado en un complejo sistema de controles parlamentarios y jurisdiccionales. Un equilibrio que representa, según su lectura, no una limitación sino una garantía estructural de legitimidad.

Se dio mucho espacio al papel de Copasir, con el presidente Lorenzo Guerini entre los oradores del Premio Cossiga, calificado como sede natural del control democrático, y a la función de los mecanismos de autorización previa confiados al poder judicial por la Ley 124 de 2007: en primera fila estaba el Fiscal General del Tribunal de Apelación de Roma, Giuseppe Amato.

La inteligencia, subrayó, no es una dimensión distinta u opaca del Estado, sino una institución plenamente integrada en la arquitectura democrática.

Al llevar la reflexión a la figura del almirante Martini, Rizzi subrayó la continuidad entre la memoria histórica y los desafíos contemporáneos. “Martini entendió con mucha antelación el cambio de la competencia a los niveles económico y tecnológico, anticipando la dinámica que hoy define el corazón mismo de la seguridad nacional”.

El Premio Cossiga, en este sentido, no se presentó como un ejercicio conmemorativo, sino como un espacio de desarrollo estratégico. Un lugar donde la memoria se convierte en una herramienta para comprender el presente.

El informe de Vittorio Rizzi presenta una visión de la inteligencia como infraestructura esencial de la soberanía estatal.

En un contexto global marcado por la inestabilidad y la competencia sistémica, la inteligencia parece ser una de las herramientas fundamentales a través de las cuales la democracia defiende su capacidad de comprender, decidir y actuar. Una función que, como se recordó varias veces durante la mañana, debe basarse en un principio clave: servir al Estado y a las instituciones democráticas, muchas veces en silencio, siempre dentro del perímetro de la legalidad. (por Giorgio Rutelli)

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