No querían viajar a Bolzano con esta maleta de alta tecnología. No podían llevar a cabo una misión tan delicada con un instrumento para el que no se sentían perfectamente entrenados. Una historia aterradora detrás de la historia del trasplante de corazón quemado con hielo seco. Según se desprende de las investigaciones, el equipo napolitano partiría hacia Bolzano con un contenedor artesanala pesar de que el hospital napolitano cuenta en su equipamiento con un instrumento de última generación.
La historia de fondo
¿Razón? Posibles incertidumbres relacionadas con la formación, con el uso del dispositivo que regula el transporte a una temperatura especialmente baja. Más precisamente, desde hace más de dos años. en Monaldi había una caja térmica funcionalaquellos que no requieren la aplicación de hielo externo o interno, que garantizan bajas temperaturas para la conservación de los órganos, complementados con un termómetro visible. Un dispositivo que estaba ahí pero no se usó. Y fue sin duda el primer paso de una historia dramática, que mantiene en vilo a toda una comunidad. Un contexto que se desprende de las investigaciones llevadas a cabo por la NAS sobre el niño trasplantado con un corazón en mal estado de salud: hay al menos dos testimonios en los documentos que confirman un dato que debía ser examinado por los investigadores, sobre la decisión de confiar en un contenedor artesanal. Al principio se pensó que Monaldi no tenía un garaje adecuado. Pero las investigaciones van en otra dirección: la maleta térmica estaba allí pero no fue encontrada, no fue utilizada. Debido a un déficit de entrenamiento, según la hipótesis examinada por los investigadores.
Los testimonios
Testimonio ante la fiscalía. Entre ellos, los del cardiólogo Giuseppe Limongelli, ex jefe de seguimiento de Monaldi, que decidió dimitir de un puesto tan delicado seis días después del trasplante de corazón del pequeño napolitano; pero también el de María Cristina Boccia, directora del departamento, que dirigió (y en parte coordinó) determinadas fases de la misión napolitana en Tirol del Sur. Dos testigos, que respondieron preguntas como personas informadas de los hechos. Discusiones que nos permitieron centrarnos en las cuestiones críticas que subyacen a la expedición a Bolzano. Un hecho doloroso ocurrido entre el 22 y 23 de diciembre pasado: el equipo voló a Bolzano, recogió el corazón, regresó a Nápoles, donde – mientras tanto – el cirujano cardíaco ya había comenzado a operar al niño de dos años y tres meses, para facilitar la operación de implantación del corazón donado. Desafortunadamente, las cosas salieron mal. El pequeño sigue vivo gracias a la ayuda de una máquina, pues el órgano implantado habría sido quemado por la presencia de hielo seco. ¿Cual? Parte del hielo habría sido entregado por médicos y trabajadores sanitarios de Bolzano, que se limitaron a preguntar si el hielo era para “uso interno o externo” en relación con el contenedor. Suficiente para empujar a la fiscalía de Bolzano a abrir un proceso, actualmente contra desconocidos, sobre la base de una denuncia presentada por una asociación de consumidores. En Nápoles, sin embargo, seis profesionales están incluidos en el registro de sospechosos, entre ellos médicos y sanitarios que participaron en la misión en Bolzano y en la intervención en Nápoles. Pero volvamos a los testimonios recogidos hasta ahora. Seguimos con la postura de Limongelli, profesor universitario y cardiólogo que siguió la evolución de los problemas críticos del pequeño napolitano desde su nacimiento. ¿Por qué esta renuncia? Es posible que no hubiera un acuerdo total sobre las decisiones tomadas durante la fase decisiva de la intervención. Es posible que haya faltado comunicación entre su oficina – que coordina el seguimiento, el seguimiento del paciente antes de la operación – y la del equipo que se encargó del trasplante.
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