El viejo sueño de Jacques Vidal, que acuñó el término interfaz cerebro-máquina (BCI) en 1973, ha adquirido en los últimos años una dimensión concreta y espectacular. Mientras Neuralink, la empresa de Elon Musk, acapara la atención con sus chips implantados directamente en la corteza cerebral, una alternativa menos radical está surgiendo en Chengdu, capital de la provincia china de Sichuan. La startup Gestala promete “leer” la mente humana utilizando una tecnología que todos conocemos: los ultrasonidos.
El concepto se basa en un enfoque global: a diferencia de los electrodos físicos, que captan señales sólo en un área estrecha, la ecografía craneal permitiría mapear la actividad de todo el cerebro. Phoenix Peng, director general de Gestala, explica que “la interfaz eléctrica del cerebro registra sólo una parte del cerebro; El ultrasonido, al parecer, puede darnos la capacidad de acceder a todo el cerebro.“.
Al analizar los cambios en el flujo sanguíneo con precisión quirúrgica, estos nuevos dispositivos tienen varios objetivos ambiciosos, como restaurar la movilidad de pacientes paralizados, pero también tratar algunas patologías mentales. Por último, el proyecto de Gestala prevé un visor de segunda generación capaz de detectar afecciones relacionadas con la depresión o el dolor crónico y, por tanto, proporcionar una estimulación terapéutica específica.
Silicon Valley sigue su ejemplo
Sin embargo, el desafío técnico sigue siendo colosal. Como señala la revista Popular Mechanics, si bien el uso de ultrasonido para destruir neuronas debilitadas (particularmente en el contexto de la enfermedad de Parkinson) es una práctica conocida, extraer datos confiables a través de la pared ósea del cráneo es otra cuestión. El hueso tiende a distorsionar las ondas sonoras, desdibujando así la fidelidad de la información recopilada.
Sin embargo, tanto en Silicon Valley como en Asia, reina el optimismo. Este avance tecnológico es parte de una tendencia global que ve crecer rápidamente el uso de inteligencia artificial con fines médicos. En septiembre de 2025, investigadores de la UCLA ya demostraron que unos simples auriculares de electroencefalografía (EEG) combinados con inteligencia artificial podían traducir pensamientos en movimientos sin ningún tipo de piratería.
Para Jonathan Kao, autor de este estudio, el objetivo es claro: “Al utilizar inteligencia artificial para integrar sistemas de interfaz cerebro-máquina, apuntamos a vías mucho menos riesgosas e invasivas.»
El mercado no se equivoca. OpenAI invirtió recientemente en Merge Labs, una startup que también utiliza ultrasonido en sus investigaciones. Si estas tecnologías pudieran superar la barrera de las 1.000 microvariaciones –necesarias para una lectura fluida– pronto podríamos controlar nuestras computadoras con el simple poder del pensamiento, sin tener que pasar primero por el quirófano.