Marine Le Pen ha dedicado su vida política a liberar a su familia y a su partido “La túnica de Belcebú”. Desde el fatal linchamiento de un joven activista del movimiento nacionalista revolucionario, Quentin Deranque, ocurrido el jueves 12 de febrero en Lyon, al margen de una pelea entre pequeños grupos radicales de extrema derecha y extrema izquierda, la Agrupación Nacional (RN) se ha ocupado de vestir a Jean-Luc Mélenchon y a La France insoumise (LFI) con el infame vestido. El movimiento de extrema derecha no esperó a los primeros elementos de la investigación, ni a las detenciones de varios miembros de la Joven Guardia -formación antifascista creada en 2018 por Raphaël Arnault, ahora diputado (LFI) por Vaucluse- para denunciar el “responsabilidad” en este drama del ex senador socialista, y la concesión del monopolio del radicalismo político en Francia a los “rebeldes”.
Una semana después de la tragedia, en una ciudad donde los enfrentamientos entre pequeños grupos fascistas y antifascistas son frecuentes, no ha llegado el momento de la unidad contra la violencia en el RN. A menos que el sindicato tenga la intención de extender contra LFI la “cordón sanitario” que ha mantenido durante mucho tiempo a los herederos de Jean-Marie Le Pen al margen de los debates y las instituciones. Durante una conferencia de prensa dedicada a “peligro democrático” De “la extrema izquierda”Giordano Bardella reclamó su apuesta el miércoles 18 de febrero “lejos de las instituciones, tanto en la Asamblea Nacional (…) o de cara a las próximas elecciones municipales ».
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