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El miércoles, una amplia coalición de asociaciones estadounidenses demandó a la administración Trump por haber derogado un texto que servía de base para la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero en Estados Unidos.

“Estamos demandando a Trump para impedirle reducir a cenizas el futuro de nuestros hijos para ofrecer un regalo gigantesco a las compañías petroleras”, tronó en un comunicado David Pettit, abogado de la ONG Centro para la Diversidad Biológica.

Junto con más de otras quince asociaciones medioambientales o de salud, como la American Lung Association, el Clean Air Council o el Sierra Club, su organización presentó el miércoles una denuncia en Washington.

En este documento consultado por la AFP, la coalición considera ilegal el cambio en materia climática decidido la semana pasada por la Agencia de Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA), ahora dirigida por un amigo cercano de Donald Trump.

Regulaciones en peligro

Interrogada por la AFP, la agencia federal rechazó categóricamente la acusación. “A diferencia de nuestros predecesores, la EPA de Trump está comprometida a seguir la ley tal como está escrita y como el Congreso la propuso, no como otros podrían desear”, dijo en un comunicado.

La semana pasada, el presidente estadounidense, declarado escéptico sobre el clima, derogó con bombos y platillos una decisión adoptada durante el gobierno de Barack Obama en 2009 y calificó la conclusión de Enpeligro, según la cual seis gases de efecto invernadero eran peligrosos para la salud pública.

Este texto sirvió de base para numerosas normativas americanas destinadas a limitar las emisiones de estos gases (CO2, metano, etc.) que calientan la atmósfera, especialmente en el sector del automóvil.

Su revocación puso fin inmediatamente a las normas sobre emisiones de vehículos y allanó el camino para la abolición de otras regulaciones ambientales, incluidas las emisiones de las centrales eléctricas.

Investigadores y asociaciones se alzan en armas

Numerosos científicos y asociaciones de defensa del medio ambiente se opusieron firmemente y denunciaron una decisión contraria a la ciencia y al interés público.

En la denuncia del miércoles, las asociaciones aseguran que los argumentos utilizados por la administración Trump para justificar esta derogación no se sostienen y ya habían sido examinados y rechazados en el pasado por los tribunales.

“Este giro imprudente es una clara violación de la ley. No podrán imponerlo a los estadounidenses”, dijo en un comunicado Joanne Spalding, del Sierra Club.

Nos espera una larga batalla

Negando esta acusación, la EPA aseguró que había “examinado cuidadosamente” el asunto y “reevaluado el fundamento jurídico” del texto en cuestión “a la luz de la evolución jurídica y de las decisiones judiciales posteriores”.

A esta denuncia deberían seguir otras, incluida la del gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, feroz opositor de Donald Trump, que la semana pasada prometió impugnar este cambio de opinión en los tribunales.

El caso podría incluso llegar al Tribunal Supremo, el máximo órgano judicial del país.

Aunque este último, predominantemente conservador, se ha mostrado abierto a cambios de jurisprudencia en los últimos años, fue una de sus decisiones, en 2007, la que dio origen a este texto emblemático de la lucha contra el cambio climático en Estados Unidos.

Gran defensor del petróleo y del carbón, Donald Trump, desde su regreso al poder, ha iniciado un giro de 180 grados en términos climáticos, sacando una vez más a la primera potencia mundial del Acuerdo de París y desvelando numerosas normas medioambientales.

Según su administración, la revocación de este texto fundacional permitiría a los estadounidenses realizar ahorros importantes al reducir el precio de los coches nuevos. Esta derogación representa un duro golpe a la acción climática en el país, el mayor contribuyente histórico a estas emisiones que calientan el planeta.

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