elLa idea de que los artistas no tienen el conocimiento o la experiencia para hablar abiertamente sobre temas sociales no es nueva. Pero los recientes llamamientos a su censura por parte de figuras públicas y políticas, la polémica de la Berlinale o la mera admisión de algunos artistas de que quieren hacer “arte apolítico”, señalan la necesidad urgente de una reflexión renovada sobre el valor o la credibilidad de los artistas-ciudadanos.
Tras la publicación, en 2022, de un artículo en la prensa española que me atribuía citas inventadas sobre el valor del arte, la ironía de escribir hoy este post no se me escapa más que me desanima a querer participar en esta reflexión, al contrario.
Volviendo a los orígenes, “política” proviene del griego antiguo político : “relativo al ciudadano, a la ciudad”. En la antigua Grecia el término designaba todo lo que concernía a la vida colectiva de la ciudad, los asuntos comunes de los ciudadanos, la organización de la comunidad, las decisiones colectivas sobre el bien común. en su PolíticaAristóteles define al ser humano como zona política – un “animal político”, es decir “un ser hecho para vivir en una comunidad organizada”. En esta lógica, todo arte es fundamentalmente político y por tanto, sin tener que tomar partido, participa en la promoción, mantenimiento y cuidado de la comunidad, en el mantenimiento del vínculo social.
Entonces, ¿de dónde surge la idea de que los artistas deberían mantenerse al margen de la política?
Respecto al rechazo sistemático que experimentan quienes se descarrian y se aventuran en la arena política, la filósofa inglesa Miranda Fricker hablaría de un “injusticia testimonial”eso ocurre “cuando un prejuicio lleva al oyente a devaluar la credibilidad de las palabras del hablante”. El descrédito de las palabras de los artistas es en sí mismo el resultado de un prejuicio identitario: el estereotipo del artista “ingenuo”: emocional, idealista, alejado de las “realidades” prácticas, intelectual, soñador. Este prejuicio descalificante devalúa la capacidad de los artistas de testificar sobre cuestiones políticas simplemente porque son percibidos como tales. “Más sensible que racional, más creativo que pragmático”.
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