Su calma pero resuelta, su pasión por el trabajo del magistrado pero sus reticencias hacia quien no lo interpreta siendo, y aprendo, tercero e imparcial. Este fue el primer impacto ante la última dinámica con Bernadette Nicotra, la única miembro profesional del CSM que no firmó la declaración sobre Nicola Gratteri después del caos resultante de sus palabras.
¿Por qué no quisiste firmar con tus compañeros?
“Porque, respetando a los colegas que han decidido hacerlo, cuando asumen responsabilidades en el seno del Consejo Superior, el peso del discurso público cambia radicalmente: lo que para un magistrado individual puede ser una opinión legítima, para quienes forman parte de este órgano corre el riesgo de ser percibido casi como una posición adoptada por el organismo autónomo. En un momento en el que se discuten reformas destinadas a afectar a la justicia, siento el deber de evitar cualquier gesto que pueda confundir al CSM con una parte en conflicto”.
¿Su opinión sobre las declaraciones del fiscal?
“A pesar del respeto profesional que le tengo, expreso mi desacuerdo con ciertas expresiones. Alimentar el conflicto institucional no ayuda a nadie”.
Más allá del caso individual, ¿qué aire respiramos?
“Tenemos la sensación de un sistema judicial muy expuesto. Hay preocupaciones sobre las reformas, pero también la tentación de reaccionar de forma identitaria, casi como si la institución estuviera haciendo campaña en lugar de ofrecer análisis. Hoy necesitamos un lenguaje más sobrio y una postura más institucional: menos eslóganes, más argumentos”.
¿No teme que la imagen del vestido se vea dañada por quienes utilizan su rol para “jugar a la política”?
“El riesgo existe cada vez que el magistrado cambia su visibilidad por una investidura política que la Constitución nunca ha reconocido. No temo al magistrado que, con moderación, destaca las cuestiones críticas o los méritos de una reforma; me preocupan más los que recurren a tonos apocalípticos, los que distribuyen certificados de moralidad, los que transforman cada intervención en un proceso político”.
Pero hay quienes, como la presidenta del MD, Silvia Albano, celebraron una conferencia por el no al referéndum en el seno de un club del PD.
“No juzgo individualmente a mis colegas, ni a los que dicen No, ni a los que apoyarán el Sí. Como ciudadanos, tienen el derecho de formarse una opinión, como juristas el deber de argumentarla. El estilo con el que intervenimos importa mucho: una cosa es participar en un debate para explicar con calma los riesgos o las ventajas de una reforma; otra es utilizar la toga como bandera. Los ciudadanos deben poder escuchar, sin sentirse alistados.
Espero que cuando se celebre el referéndum se tenga en cuenta la advertencia del Presidente Mattarella al pleno del miércoles, instando a todos a respetarse mutuamente. La responsabilidad de cada uno de nosotros debe prevalecer para que el 24 de marzo, sea cual sea el resultado del referéndum, se recupere el respeto mutuo, condición esencial para reanudar el diálogo”.